Malinas, nuestra despedida de Flandes

julio 09, 2018


 
Habíamos dejado nuestra visita a Malinas, Mechelen en flamenco, para el domingo. Iba a ser nuestra despedida de Flandes y con lo que no contamos es que los horarios iban a ser tan diferentes. Tan diferentes que varios de los lugares por visitar se encontraban cerrados y otros no abrían hasta mediodía. 

Menos mal, pensamos, que nuestro vuelo salía tarde de lo contrario solo hubiéramos podido pasear por Malinas.

Llegar a Malinas desde Bruselas es muy fácil, basta con coger  uno de los frecuentes trenes que parten de la estación de central. Así que tras un relajado desayuno en nuestro hotel de Bruselas nos encaminamos hacia la estación de tren, sin tener en cuenta los horarios. Apenas esperaríamos 10 minutos cuando llegó el tren que debíamos coger y en menos de media hora, algunos hacen muchas paradas, habíamos llegado a esta ciudad.

Nada más salir de la estación pudimos comprobar que de nuestra lista se caía la visita al Jardín de invierno de las hermanas ursulinas. Los autobuses hacia esta joya del art nouveau parten de la plaza de la estación, ya que está situado a 10 km de distancia de Malinas, y estaba indicado que en domingo las visitas eran a partir de las 14:30h. Evidentemente, no nos podíamos arriesgar a ir, realizar la visita y volver, sin que los horarios estuvieran claros, ya que teníamos que regresar a Bruselas y luego dirigirnos hacia el aeropuerto con tiempo suficiente. Aunque al final de viaje veremos como nos hubiera dado tiempo a visitarlo y mucho más.

Tomada ya la primera decisión y ya con mi primera decepción a cuestas, nos fuimos caminando hacia el centro de la ciudad. En menos de 10 minutos nos cruzamos con el río Dyle, un afluente del gran Escalda, al que conocimos en Amberes, y que atraviesa parte del centro histórico de Malinas.

Junto al río hay una serie de pasarelas flotantes que lo recorren en paralelo y que nos permiten disfrutar de un tranquilo paseo. El cielo comenzaba a amenazar con lluvia y precisamente hoy no habíamos cargado ni con paraguas ni con chubasquero, así que había muchas probabilidades de que se cumpliera la ley de Murphy.

  

 
Comenzamos a pasear  junto al río en dirección al centro y cuando comenzamos a ver la Torre de la Catedral de San Romualdo, lo cruzamos y nos adentramos a través de las callejuelas en su búsqueda.

  

 
Cuando llegamos nos la encontramos cerrada y con el cartel que avisaba que ese día no abriría hasta las 13 h. Así que le dimos casi la vuelta entera por el exterior en busca de una puerta abierta, era domingo y debían celebrar misa, pensamos, hasta que la encontramos y pasamos a su interior. Justo en ese momento cayó un corto pero intenso chaparrón, ni os cuento como jarreaba, pero luego se detuvo de repente y comenzó a hacer un calor húmedo que ríete tú del calor en las ciudades mediterráneas.

Aprovechamos y nos fuimos en busca del beaterio. Puede resultar algo confuso por que ahora son casas privadas y algunos jardines están cerrados, así que es fácil ver vagabundear a los turistas algo confundidos en una y otra dirección por las calles en las que los edificios del Pequeño Beaterio se encuentran. Y no eramos las únicas que andábamos así, también nos cruzamos con algún político español felizmente destinado en Bruselas que había pensado que perderse por Malinas era mejor opción que encontrarse en España justo aquel fin de semana  que se producía la moción de censura. Coincidencias.

  

 

 
En nuestro camino hacia el Pequeño Beaterio nos encontramos con una imagen preciosa conocida como Groen Waterke, que quiere decir Agua Verde y es fácil adivinar por qué. Un pequeño riachuelo cubierto de una vegetación verde que deja constancia de los antiguos canales que hubieron por la ciudad.

  

 
Los edificios que componen el pequeño beaterio, edificios de ladrillo rojo muchos con las fachadas cubiertas de plantas trepadoras, se han conservado hasta la actualidad y es una zona que, como en Lovaina, transmite paz y serenidad.

  

 
Tras el paseo por las calles que conforman los edificios del beaterio, nos dirigimos hacia la Grote Markt. No sé si es la práctica habitual, pero este domingo se encontraba asaltada por atracciones para los más pequeños y la imagen de la plaza con los ayuntamientos, en plural, ya que son dos edificios, la catedral y las bellas fachadas de las casas queda algo desvirtuada.

  

 

 
La oficina de turismo está junto a la plaza pero este domingo no abre hasta las 12 h. Cuando nos acercamos a solicitar más información sobre horarios de apertura llega otra decepción, el Palacio de Margarita de Austria y el Palacio de Margarita de York tampoco se encuentran abiertos al público, así que nos vamos a tener que conformar con disfrutar de las calles de Malinas.

Como nos acercamos a mediodía decidimos dirigirnos a la fábrica de cerveza Het Anker donde se elabora la famosa cerveza Gouden Carolus, la que tanto gustaba al emperador Carlos V, tanto que se hacía traer barriles a Castilla.

  

 

 
La fábrica se puede visitar pero también dispone en el edificio de enfrente de una brasserie o taberna donde se puede comer muy bien. Elegimos quedarnos a disfrutar de las especialidades flamencas acompañadas de algunas de sus cervezas y fue una de las mejores decisiones del día.

  

 
Tras la relajada comida volvimos  a la Catedral de San Romualdo, había que subir a la torre. Si cuando os hablé de Lovaina comentaba que fue todo un acierto realizar la visita a la Universidad y subir a la torre, a pesar de que no se podía visitar su biblioteca, algo similar ocurre con la Torre de San Romualdo.

  

 
Sí, son más de 500 escalones pero son llevaderos, hay rellanos donde se puede hacer una parada mientras se observan las campanas, el órgano, los carillones, o se cuenta algún detalle histórico o cultural.

  

 

 

  

 
El último tramo se realiza a través de escaleras de caracol de madera y así se consigue llegar a los 97 m. de la torre. El Skywalk de 360º permite tener una visión desde las alturas de la ciudad, donde por la altura del muro se ven mejor los edificios lejanos que los cercanos. En cualquier caso, a mí me gustan las alturas y no desaprovecho ocasión para disfrutar de unas vistas así, por lo que no puedo hacer otra cosa que recomendar subir a lo alto de la torre.



 
  
  



 
Tras la visita a la torre volvemos hacia la Grote Markt y luego nos dirigimos por las calles del centro hacia la estación.

Esta vez no vamos a tener tanta suerte con el tren. La llegada del nuestro se retrasa sin cesar y acabamos esperando más de 45 minutos para finalmente hacer un amago de cambio de andén en el último momento. Menos mal que vamos con tiempo para llegar a Bruselas.

Finalmente, y con el anden abarrotado de gente que ha ido llegando poco a poco, llega un tren con destino Bruselas. Nos subimos a él con la mala suerte de que es un cercanías de los que para cada 2 km. en una estación. No hay que desesperarse, pero cuando llegamos a la estación de Bruselas Sur, justo una antes de la nuestra, por megafonía comunican algo en un perfecto flamenco que no hace presagiar nada bueno a tenor de la expresión del resto de viajeros. Cuando repiten el mensaje en inglés y francés nos damos cuenta que esa se ha convertido en la última parada de ese tren y que debemos descender  y realizar transbordo con el próximo tren hacia Bruselas central que llegue.

Otra espera más. Minutos más tarde llega el tren y por fin llegamos a Bruselas. ¡Viva el sistema de ferrocarriles belga! No lo recordaba tan caótico de la última vez que visitamos Bruselas.

Media tarde y tiempo suficiente de ir al hotel a recoger nuestro equipaje y volver a la estación para coger el tren que nos lleva al aeropuerto de Zaventem. 

Llegamos a la terminal y todo transcurre sobre lo planeado hasta que atravesamos el control de seguridad en el aeropuerto. Comenzamos a ver en las pantallas  que casi todos los vuelos están retrasados y el nuestro no tiene ni puerta de embarque. ¿Qué está pasando aquí?

Es evidente que algo ocurre. Echamos mano de nuestros móviles. Una de nosotras consulta la información de la compañia aérea, otra la del aeropuerto, otra la prensa, y aquí es cuando nos enteramos que este fin de semana en España se ha presentado una moción de censura, que casi tenemos nuevo presidente y que los controladores aéreos de Marsella han decidido ponerse en huelga. ¡Eso era!

Tras sucesivos retrasos y cambios de puerta de embarque, imaginar casi 200 personas con muchas ganas de llegar a casa moviéndose de una puerta a otra ante un cambio en la pantalla, conseguimos embarcar  con más de dos horas de retraso, pero la noticia vino cuando una vez todos en nuestros asientos, cinturones abrochados, puerta cerrada y finger retirado, el piloto nos comunica que no sabe si podremos despegar por una retahila de razones que obvio repetir por lo ... ¿increíbles, chocantes, absurdas?

Me veía pasando la noche en el aeropuerto, reclamando a la mañana siguiente a la compañía aérea un billete para poder volver y llamando al trabajo para avisar de que al menos perdería un día de trabajo, cuando poco más de medianoche y después de estar una hora dentro del avión, comenzó a moverse ... parecía que íbamos a despegar.

Llegamos a Valencia de madrugada avanzada, apenas poco más de un par de horas para descansar antes de ir al trabajo. Este lunes iba a ser duro.

El lunes se nos iba a hacer cuesta arriba pero que nos quiten lo bailao. Una vez más hemos disfrutado de una escapada de 4 días que nos ha sabido a gloria, ahora a pensar en el destino del travelgirl 2019.


Te puede interesar:
  • Hotel NH Grand Place Arenberg: Hotel de 4* de la conocida cadena de hoteles en el que me alojaba por tercera vez. Si se reserva con antelación, buena relación calidad/precio. Inmejorablemente situado, muy cerca de la Grand Place y también de la estación central de Bruselas. Habitaciones cómodas, las que dan a la calle pueden ser algo ruidosas en fin de semana y algunas necesitan una pequeña rehabilitación, a pesar de ello, se queda en mi lista de posibles alojamientos en Bruselas.
  • Fábrica de Cervezas Het Anker: recomendable acercarse al menos a tomar una cerveza o comer allí, ya que ofrecen deliciosos platos flamencos.
  • Trenes en Bégica: Página web donde se pueden consultar los horarios de los trenes. En fin de semana tienen un 50% de reducción en los billetes de ida y vuelta.
  • Airport Taxis: Taxis desde/al Aeropuerto de Bruselas a/desde Amberes, Bruselas, etc.
  • Visit Flandes: Página web donde se puede obtener más información turística sobre Flandes.
Y no olvides pasarte por:


Bon Voyage!



Y esto ¿Te lo vas a perder?

2 comentarios

  1. El día ha estado bien, todo no puede saber, sobre la marcha habéis podido sacar provecho de la visita. Lo que seguro os tensiono más fue el final. Pero ahora viéndolo desde la distancia es una anécdota más del viaje.
    A por el próximo! Y yo preparada para leerlo
    Besos

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    Respuestas
    1. NO nos podemos quejar, el día estuvo más que aprovechado y como tu dices, los retrasos de los trenes belgas ahora se ven como una anécdota ¡ganas de volver!!

      B7sss

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