Taormina y Catania, Belleza y Desaliño a la Siciliana

mayo 14, 2018


 
Es domingo, temprano, Siracusa está tranquila y partimos hacia Taormina.

Taormina resultó ser la joya de la corona de la parte oriental de Sicilia, al menos para mí. Me recordó a Montecarlo, a una de esas ciudades de la costa azul. Indiscutiblemente bella, agraciada con los mejores atributos: unas vistas al Etna envidiables, que en esta época luce nevado, encaramada a las faldas verdes de la montaña y volcada al Mediterráneo más azul que haya visto. Pequeños jardines la engalanan más si cabe y coquetas e impolutas calles nos animan a pasearla y nos conducen a su Teatro griego. El teatro griego que conozco que más me ha impactado y, sin lugar a dudas, en el mejor enclave situado.

 
  
   
   
   
  
   

 
Emplazado en esa terraza natural que es el Monte Tauros su belleza se engrandece al ofrecer unas vistas envidiables al, de tanto en tanto, humeante Etna y a la bahía de Naxos. Una imagen de postal inmortalizada por todos los que la visitamos.

  
  
  

 
Sus calles repletas de comercios y locales de recuerdos sicilianos orientados al turista, también albergan muestras arquitectónicas normandas o con el sello de la corona de Aragón, como el Duomo de San Nicolo, la catedral de Taormina.

  

 

 

 
Taormina tiene aromas mediterráneos, a cítricos, pero también orientales, es exótica pero a la vez es muy mediterránea, no me extraña que cautivara a Audrey Hepburn y a tantos otros, somos mortales y es fácil enredarse en tan preciosas redes. Taormina es de esos sitios a los que quiero volver y todavía no me he ido. Alargamos nuestra estancia sentados en una terraza justo al lado del Hotel Metropole, vistas al mar a ese intenso azul mediterráneo y en la mesa un par de Aperol Spritz, nos estamos acostumbrando.

  
   
   

 
Algo a tener en cuenta en nuestra visita a Taormina es que el centro es peatonal por lo que lo mejor es dejar el coche en alguno de los grandes aparcamientos de pago que hay en las afueras y acceder a la ciudad andando, en bus o en funicular, dependiendo de donde hayamos conseguido estacionar el coche.

  

 
Es ya bien entrado mediodía cuando nos despedimos de Taormina.
  
Puede que no sea justo visitar Catania, con la pereza instalada de una tranquila tarde de domingo, tras haber pasado la mañana paseando por la bella Taormina, pero era el itinerario que llevábamos marcado.
 
La tarde de domingo la pasamos en Catania, donde nos alojamos. Si la seductora Taormina me ha enamorado, Catania no consigue engancharme ni llamar mi atención. Demasiado sucia, demasiado abandonada, quizás en domingo las ciudades se ven de otra forma, pero no consigo encontrarle analogía con el desorden y desaliño que sí me atrapó en Palermo.

Si hay algo que impresiona en Catania es que desde diferentes puntos y cuando menos te lo esperas, te encuentras al Volcán Etna observando a la ciudad. Siete veces ha arrasado la ciudad, quizás este detalle junto con los terremotos sufridos sean la causa de que Catania se haya acostumbrado a mostrarse con esa arquitectura tan particular.

  

 
Desde el hotel nos vamos caminando hacia el centro. Una vez tomamos la vía Etnea en el Parque Bellini ya podemos decir que nos encontramos en el centro de la ciudad.

Es domingo y mucha gente pasea por la calle casi peatonal. Palacetes y edificios de fachadas importantes desvelan un pasado de mayor esplendor. Ahora muchos de ellos reclaman a gritos una restauración de la que solo son afortunados unos pocos.

Conquistada por primera vez por los griegos, ha sido también romana, bizantina, normanda, árabe, aragonesa, española y, claro está, italiana. Al igual que ocurría con Palermo, un cóctel de culturas muy diferentes la han ido moldeando y esculpiendo.

El anfiteatro romano es el primero que sale a recibirnos en nuestro paseo, aunque en la actualidad solo es visible una parte del semicírculo, el resto debe estar enterrado debajo de los edificios y presenta un estado bastante penoso.

La calle continúa hasta desembocar en la Piazza del Duomo que alberga por una parte la Catedral de Catania, auténtica joya del barroco consagrada a Santa Ágata y en el centro de la plaza se encuentra la famosa Fuente del Elefante, símbolo de la ciudad.

  

 
Parece que el elefante y el obelisco datan de la época romana y que Vaccarini, su creador, se inspiró en el Elefante de Minerva de Bernini que se encuentra en Roma.

  

 
La fuente representa tres civilizaciones, la púnica, la egipcia y la cristiana y está llena de significados. El elefante es el símbolo de la derrota de los cartagineses que llegaron a la isla subidos a sus lomos para conquistarla. El obelisco representa a la civilización egipcia y la cruz, la plama, el lirio, la tabla angélica y el globo que coronan el monumento, junto a la insignia de Santa Ágata, representan la cristiandad.

Una fuente cargada de significado de la que se sienten muy orgullosos los cataneses y que hoy en día se ha convertido en punto de encuentro ya que resulta bastante difícil no ver sus escalones ocupados a cualquier hora del día.

El Teatro Bellini aunque se encuentra en buen estado no le vendría mal unos retoques o un buen lavado de cara. Por él han desfilado los mejores cantantes de ópera y fue aquí donde se representó en su inauguración la magnífica ópera Norma del compositor que da nombre al teatro. Por cierto, estando en Sicilia no hay que dejar pasar la ocasión de degustar un buen plato de Pasta alla Norma con berenjena y ricotta, en honor a Bellini, hijo predilecto de la ciudad.

 
   
   

 
Caprichos del destino o quizás de su ubicación y posterior uso, lo que más llamó mi atención fue el Teatro Romano construido con roca de lava del Etna. Ubicado en pleno centro de la ciudad y rodeado de viviendas, algunas de las cuáles están construidas encima de él. Conserva la zona de la orquesta, la cávea y parte de las gradas, pero los edificios que se le solapan y casi lo invaden, dificultan su conservación.
   
    
   
  

 
Pasamos allí un buen rato sentados en la grada y dejándonos mimar por los últimos rayos de sol de la tarde después de un día bastante ajetreado, hasta que volvemos a ponernos en marcha y a caminar por las calles de Catania.
 
La recorremos en una y otra dirección y concluimos que salvo la plaza del Duomo y la curiosa situación del Teatro griego, nada más nos atrapa. Con las luces nocturnas la vemos más bonita que por el día, pero con todo lo que llevamos visto en nuestro viaje a Sicilia no podemos evitar comparar y no nos convence.

  

 
Cenamos en una pequeña trattoria, Trattoria Giglio Rosso, con muy buena crítica, situada cerca del Teatro Romano. Curiosa decoración, algo ecléctica y una larga carta de platos donde predominan los del pescado, especialidad de la casa. Una vez más cenamos muy bien. Después damos nuestro último paseo nocturno por Catania.
  
   



 
Al día siguiente nos vamos con la sensación de que nos ha faltado algo, está claro que no todos tenemos los mismos gustos, pero Catania en día festivo no ha conseguido enamorarnos. Es verdad que no hemos podido visitar su mercado y vivir un día de diario, lo dejaremos en la interminable lista de pendientes.

Ahora volvemos a Palermo, todavía nos queda un día para despedirnos de Sicilia.



Te puede interesar:
  
  • Hotel NH Catania Centro: Hotel de 4* a 10 minutos del centro. Hotel tranquilo, cómodo y habitaciones amplias. Buena relación calidad/precio. Si se llega a Catania en coche dispone de unas plazas de aparcamiento gratuito justo en la puerta, no se pueden reservar. También ofrece la posibilidad de parking privado.
  • Trattoria Giglio Rosso: Restaurante en Catania cerca del Teatro romano. Regentado por una familia y de ambiente y decoración muy ecléctica, destacan sus platos de pasta y de pescado a una buena relación calidad/precio. 
  • Caffe del Duomo: Agradable terraza frente al Duomo en Catania para disfrutar de un helado, una granita o un café.
  • Aparcamiento en Taormina: El aparcamiento en Taormina no es barato, hay un precio establecido por tramos horarios que también depende de la época del año, pero es la mejor solución si se llega a Taormina en coche. Nosotros utilizamos el aparcamiento de Porta Catania y en 2 minutos andando ya nos encontrábamos en el interior de la ciudad.
  • Caffé Wunderbar: Ubicado en la Plaza IX de Abril, dispone de una de las mejores terrazas de Taormina con unas vistas increibles  sobre el Mediterráneo. Buen lugar para tomar un aperitivo tras la visita a Taormina.

Y no olvidéis consultar el artículo Cómo organizar un viaje: Tips que a mí me funcionan para más detalles.
 
   

Bon Voyage!




Y esto ¿Te lo vas a perder?

2 comentarios

  1. Me gustaría poder ir, uno más en mi lista.
    A falta de visita real, me conformo con la tuya virtual, que me ha gustado mucho y me parece que con esta me voy a quedar.
    Besos

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    Respuestas
    1. Bien, de momento tú ve tomando nota que nunca se sabe.

      B7ssss

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