Ortigia, la Perla de Siracusa

mayo 08, 2018


 
Siracusa me sonaba a música, a una de esas canciones embaucadoras cuyos acordes se quedan atrapados dando vueltas en nuestra cabeza. Ya lo cantaba Juan Perro en Pájaro de Siracusa: Pájaro de Siracusa quiero ser y en su fuente de agua pura ir a beber ... La Fuente de Aretusa era el manantial de agua pura y el pájaro podíamos ser todos los que quisiéramos conocerla.

  


 
Habíamos salido de Ragusa temprano pero llegamos a Siracusa a media mañana y era sábado, con lo que nos encontramos con un atasco a la entrada de la ciudad bastante considerable. Durante el trayecto también habíamos sufrido alguna confusión debido a que nos encontramos con más de una carretera  cortada por obras y sin señalización alternativa y ni el GPS, ni San Google Maps de todos los santos, encontraban un camino por el que seguir que no estuviera cortado.

Me esperaba una Siracusa irresistible pero lo que vi de camino al hotel me dejó bastante indiferente, - son las afueras, pensé. El Parque Arqueológico de Neápolis se encontraba a 5 minutos del hotel, así que decidimos visitarlo antes de que el calor apretara.

Una vez más pudimos confirmar que la compra de la entrada solo da derecho a un tiquet y que cualquier tríptico, folleto de información o plano de situación, va aparte en Sicilia. Con ella se obtiene el acceso al Anfiteatro romano, al Teatro griego y a la latomía.

Comenzamos por el Anfiteatro romano que solo se puede visitar desde arriba y desde uno de sus lados, ni siquiera se puede completar el paseo circular, y personalmente, no me impactó. Menos mal que hoy en día podemos llevar nuestra guía online, pero costaría tan poco ser algo más generosos con la información del lugar y enriquecería tanto la visita, que no entiendo por qué no se hace.

  

 
Continuamos el camino y nos encontramos con el Altar de Hierón, del que solo quedan los cimientos, donde se celebraban sacrificios.

  

 
Nos desvíamos para dirigirnos hacia la Latomía del paraíso que en la actualidad es un jardín con un conjunto de senderos de vegetación frondosa que nos llevan por un lado a la cueva de las candeleras, donde los cordeleros trabajaban aprovechando la humedad de la cueva. Otro de los senderos conduce a una cueva artificial conocida como la Oreja de Dionisio.

  

 
El curioso nombre unos dicen que viene de la forma de esta cueva, aunque particularmente no le veo parecido. Otros cuentan que dicha cueva fue cárcel y que la forma de la misma favorecía la transmisión del sonido y servía para que el tirano Dionisio pudiera escuchar lo que los presos tramaban. Esta última versión del porqué del nombre me resulta más creíble, aunque queda al gusto del visitante.

  

 
Solo nos quedaba por visitar el Teatro Griego, el que nos encontramos con obras en aquel momento. Maquinaria y obreros entre las gradas instalando tarimas de madera sobre las piedras. Me quedé con la boca abierta y me llegó de inmediato el recuerdo de las obras que se realizaron en un teatro romano cercano a la ciudad donde vivo y que lo transformaron por completo.

  

 
Nos fuimos del parque arqueológico algo insatisfechos, esperábamos más. Ahora nos dirigíamos hacia la Isla de Ortigia, para ello tendríamos que atravesar toda Siracusa, lo cuál nos llevaría 15 ó 20 minutos, pero serviría para hacernos una idea de Siracusa.

Cuando llegamos a Ortigia, confirmé las sospechas que me había formado nada más llegar a la ciudad. Siracusa, la ciudad que vio nacer a Arquímedes, no me llamaba en nada la atención. Solo me ofrecía edificios anodinos sin nada que resaltar, me preguntaba el porqué de su fama.

Quizás la respuesta fuera la existencia de la Isla de Ortigia, a la que está unida por un puente. Ella sí que me gustó.

  

 
Nos recibe en primer lugar el Templo de Apolo y desde allí parte una calle comercial que desemboca en la Plaza de Arquímedes. Después las calles se estrechan y hay que elegir por cuál de ellas vamos  a pasear hasta su centro histórico.

Como es mediodía, sábado y vacaciones de semana santa, las calles son un ir y venir de gente. Pensamos en elegir restaurante antes de que sea tarde y nos decidimos por La Tavernetta da Piero. Lo sé, llevo todo el viaje diciendo lo mismo pero es verdad, comemos de maravilla y siempre platos en los que el pescado o el marisco es el protagonista. El servicio quizás algo lento, pero ¿alguien tiene prisa? Agradecemos sentarnos en un lugar agradable y dedicar tiempo a comer con calma.

  



 
Ahora paseamos tranquilamente por la calle que conduce al Duomo de Siracusa. Esta llena de pequeños comercios y restaurantes.

La escalinata del duomo sirve de descanso a los visitantes que se sientan allí a disfrutar del sol y del ambiente de la plaza mientras contemplan lo que sucede alrededor.

  

 
De fachada barroca y construida sobre un templo de la Grecia clásica, su interior con las características típicas de un templo griego me sorprende por su sobriedad. Pocos detalles barrocos y algún mosaico normando, pero dorados y frescos abundantes característicos de los interiores barrocos escasean.

  

 
A la salida nosotros también nos sentamos un rato en las escaleras y nos dedicamos a observar, escoltados por la impresionante fachada de esta catedral.

  

 
Reemprendemos la marcha para dirigirnos hacia la Fuente de Aretusa, manantial de agua dulce a escasos metros del mar, que debe su nombre a una entretenida historia mitológica. Paseamos por el Lungomare Alfeo bordeando la isla. En las terrazas todavía hay mesas ocupadas  por gente que está alargando su almuerzo o que se sienta a tomar la primera copa de la tarde con vistas al mar.

  

 

 
Atravesamos una calle para seguir bordeando la isla en dirección contraria a lo largo de Lungomare d'Ortigia. Esta parte de la isla es más tranquila y el Mediterráneo está precioso, apetece pasear sin perderlo de vista. Después de un buen rato nos adentramos por una de las calles con rumbo a donde nos llevé, vamos eligiendo por donde girar casi al azar, en algunas hay pequeños comercios otras son tranquilas con balcones repletos de plantas.

  

 



 
Sin darnos cuenta nos encontramos en una calle cercana al Duomo, justo en la parte de atrás. Cafés y bares de copas extienden agradables terrazas con música que invitan a sentarse. Quizás esta es la música embaucadora con la que yo imaginaba a Siracusa. Nos ponemos cómodos en una de las mesas y nos tomamos un Aperol Spritz mientras disfrutamos del momento.

  

 
Ortigia me ha encantado y sí, Siracusa merece una visita, aunque solo sea por pasear por Ortigia.


Te puede interesar:
  
  • Hotel Mercure Siracusa Prometeo: Hotel de 4* en la parte alta de la ciudad, muy cerca del parque arqueológico y a 15-20 min. de Ortigia. Habitaciones cómodas y buen desayuno. También dispone de piscina en la última planta. Parking exterior gratuito e interior privado. Buena opción para llegar a Siracusa en coche, aparcarlo e ir andando a realizar las visitas.
  • La Tavernetta da Piero: Restaurante en el centro de Ortigia regentado por una familia al que acuden tanto sicilianos como turistas. Amplia carta, gran variedad de platos de pasta y pescado, así como entrantes de corte marinero. Buena relación calidad/precio.
  • Parque Arqueológico de Siracusa: Si hemos llegado a Siracusa hay que visitarlo. Para que la visita sea más interesante llevar información o una guía online.

Y no olvidéis consultar el artículo Cómo organizar un viaje: Tips que a mí me funcionan para más detalles.
 
   

Bon Voyage!




Y esto ¿Te lo vas a perder?

2 comentarios

  1. Es un viaje interesante y con un aperol de vez en cuando se lleva de maravilla. Besos.

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    Respuestas
    1. Para volver! Y en cuanto al aperol ... allá donde fueres, haz lo que vieres.

      B7ssss

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