Una muestra de Sicilia en 7 días

abril 10, 2018

 
 
Sicilia es como un collar de cuentas. Cuentas que pueden parecernos perlas o piedras preciosas, o simplemente preciosos trocitos de cristal de colores, cuentas que pueden brillar más o menos, pero que irremediablemente van a llamar nuestra atención. Recorrer la isla significa recorrer este collar de cuentas, con sus rincones, sus poblaciones, sus playas, sus templos, sus restos arqueológicos, sus mercados y sus pequeños restaurantes.

Sicilia en 7 días resulta imposible abarcarla, aunque son suficientes para llevarnos una muestra de ella y hacernos una idea.

La primavera o los principios del otoño son la mejor época para visitarla, clima templado y días con bastante horas de luz que nos permiten aprovechar el tiempo al máximo. En la medida de lo posible desaconsejo el verano para visitarla, a no ser que sólo vayamos a disfrutar de sus playas, pero pasear por sus ciudades o recorrer sus parques arqueológicos en julio o agosto debe ser deporte de riesgo.

Nosotros aprovechamos las vacaciones de Semana Santa, inicio de la primavera, aunque también una época con gran cantidad de visitantes, pero ... no se puede tener todo.

Cuando organizaba este viaje e intentaba diseñar los posibles recorridos para optimizar las diferentes rutas y conocer la gran lista de sitios indispensables que con el tiempo había ido confeccionando, tuve precaución de fijarme en el tipo de carreteras. A veces la distancia engaña, no son tantos los kilómetros como el estado de las carreteras o las bifurcaciones y poblaciones que pueden atravesar, y por tanto, el tiempo que nos puede llevar recorrer esa distancia.

Casi toda la isla de Sicilia está bordeada por una autopista, en algunos tramos de mayor calidad que en otros. Por el norte o por el este, está en mejor estado, por el sur es otra cosa. Pero si viajamos hacia o por el interior, la cosa cambia. La autopista, y cuando digo autopista nunca imaginéis una autopista a la española, llega a desaparecer hasta el punto de que, dependiendo de nuestro destino, se convierte en un conjunto de carreteras casi comarcales, con obras, baches, inexistencia de señalización en la calzada, que atraviesan poblaciones y que nos llevan a recorrer 180 km en casi 3 horas.

Mención especial a la forma de conducir de los sicilianos, llegamos a pensar que nuestro código de circulación era diferente ya que cuando la calzada estaba señalizada con una línea contínua aprovechaban para adelantar, por no hablar de los límites de velocidad a pesar de los repetitivos  carteles de aviso de radar. Confieso que en más de una ocasión sentimos que estábamos haciendo los pardillos intentando respetar, relativamente, las limitaciones de velocidad, pero la idea de que la franquicia que teníamos bloqueada en nuestra tarjeta por la compañía de coches de alquiler como previsión de multas y otros percances, siguiera bloqueada a la finalización de nuestro viaje, nos disuadía enseguida de imitar la conducción siciliana.

 

Aterrizamos en Palermo bien entrada la noche, nuestro vuelo llegó con un poco de retraso, por lo que agradecí haber tenido la precaución de reservar nuestro traslado al hotel. Rara vez utilizo este método de transporte, generalmente para dos personas no compensa, pero sabía que llegaríamos muy cansados después de un día intenso de trabajo justo antes de tomar nuestra semana de vacaciones y los horarios de autobús no aseguraban que a esa hora de la noche siguieran ofreciendo el servicio. Además, la idea de andar de madrugada por las calles de Palermo, con una maleta a rastras en busca del hotel, no me seducía en absoluto, ya tendríamos tiempo de paseos nocturnos. Con el retraso del vuelo pude confirmar que ésta había sido una buena idea.
  
 
 
El día siguiente paseamos Palermo de arriba a abajo, iniciamos las visitas culturales, nos tiramos en plancha a probar su gastronomía, recorrimos alguno de sus mercados, comenzamos a acostumbrarnos al griterío, a oir hablar con voces muy altas, a que las motos nos zigzaguearan, nos sorprendimos con el enorme número de iglesias que posee, también con las pequeñas plazas que se abren tras callejones que no parecen tener salida y un día nos supo a poco, al día siguiente partíamos hacia Agrigento, así que agradecimos pasar un día más en Palermo al finalizar el viaje.

Recogimos nuestro coche de alquiler en el aeropuerto, lo cuál nos llevó un buen rato, así que la visita al templo de Segesta se cayó definitivamente de nuestro planning,  la dejaríamos para cuando visitaramos el oeste de Sicilia en otra ocasión, y pusimos rumbo a Agrigento.

Las vistas eran preciosas, colinas verdes plagadas de florecillas amarillas ofrecían un paisaje de lo más bucólico. Nos desvíamos unos kilómetros para acercarnos a la playa donde se encuentra la Escala de los Turcos y deleitarnos con las vistas de esas aguas azules y transparentes que contrastaban con la piedra blanca mientras saciábamos nuestra sed en un chiringuito estratégicamente situado.

 

Ya en Agrigento, en las primeras horas de la tarde, nos adentramos en el Valle de los Templos que alberga un conjunto de templos greco-romanos en excelente estado de conservación, en un enclave dominante desde donde se ve el mar y que permite fácilmente imaginar lo impresionante que debió ser este complejo.

 

Agrigento no seduce desde fuera, pero dimos un paseo por la noche y nos gustó mucho su casco antiguo que se encontraba muy animado.

A la mañana siguiente salimos hacia Ragusa. Se dice de ella que "es una isla dentro de una isla", ya que parece estar al margen del movimiento urbano de Palermo o Catania y para mí fue todo un acierto incluirla en nuestra ruta. Divida en Ragusa Ibla y la nueva Ragusa, invita a disfrutar del viaje en modo tranquilo, sin prisas, perdiéndose por sus callejuelas, bajando y subiendo sus interminables escaleras, contemplando sus fachadas de balcones ricamente decorados, sus iglesias y, por que no decirlo, si se ha visto algún episodio del Comisario Montalbano es inevitable que algún rincón nos recuerde a alguna de las escenas. 

 

Para mí Ragusa fue una piedra preciosa de esas cuyo color te atrapa, como decía al principio, estoy segura que los momentos que pasamos allí serán los que más veces recuerde. Siento no haberme quedado un día más y acercarme a Módica o a Noto, pero no había tiempo para todo y no está mal dejar alguna excusa para volver.

De Ragusa nos fuimos a Siracusa. Siracusa me sonaba a ciudad que esconde misterios, algo exótica y seductora. Sin embargo, su parque arqueológico, después de haber visitado el Valle de los Templos en Agrigento, digamos que no me conquistó. Si a eso le sumamos la ausencia de información de los diferentes elementos, aunque esto ocurre en toda Sicilia, ni siquiera un folleto escueto que te aporte los datos básicos, que digo yo que después de pagar 10 euros de entrada no arruinará a nadie, pues vamos, que la ciudad que vió nacer a Arquímedes no cumplió con mis expectativas.

 

Pero si Siracusa no me cautivó, su apéndice, Ortigia, la isla de Siracusa, su fortaleza, me enamoró. Pequeña pero preciosa, con un balcón al mar que te hace sentir como si estuvieras a bordo de un gran barco en medio del mar, terrazas, restaurantes, el Duomo, callejuelas con balcones plagados de plantas colgantes y rincones tranquilos donde sentarse, tomar los últimos rayos de sol de la tarde y ver pasar a la gente mientras se disfruta de un Aperol Spritz. Delicioso plan para una tarde de sábado.

Es domingo, temprano, Siracusa está tranquila y partimos hacia Taormina. 

Taormina resultó ser la joya de la corona de la parte oriental de Sicilia, al menos para mí. Me recordó a Montecarlo, a una de esas ciudades de la costa azul. Indiscutiblemente bella, agraciada con los mejores atributos: unas vistas al Etna envidiables, que en esta época luce nevado, encaramada a las faldas verdes de la montaña y volcada al Mediterráneo más azul que haya visto. Pequeños jardines la engalanan más si cabe y coquetas e impolutas calles nos animan a pasearla y nos conducen a su Teatro griego. El teatro griego que conozco que más me ha impactado y, sin lugar a dudas, en el mejor enclave situado. 


Taormina tiene aromas mediterráneos, a cítricos, pero también orientales, es exótica pero a la vez es muy mediterránea, no me extraña que cautivara a Audrey Hepburn y a tantos otros, somos mortales y es fácil enredarse en tan preciosas redes. Taormina es de esos sitios a los que quiero volver y todavía no me he ido. Alargamos nuestra estancia sentados en una terraza justo al lado del Hotel Metropole, vistas al mar a ese intenso azul mediterráneo y en la mesa un par de Aperol Spritz, nos estamos acostumbrando.

 

La tarde de domingo la pasamos en Catania, donde nos alojamos. Si la seductora Taormina me ha enamorado, Catania no consigue engancharme ni llamar mi atención. Demasiado sucia, demasiado abandonada, quizás en domingo las ciudades se ven de otra forma. La recorremos en una y otra dirección y salvo la plaza del Duomo y la curiosa situación del Teatro griego, nada más nos atrapa. Con las luces nocturnas la vemos más bonita que por el día, pero con todo lo que llevamos visto no podemos evitar comparar y no nos convence. Al día siguiente nos vamos con la sensación de que nos ha faltado algo, está claro que no todos tenemos los mismos gustos, pero Catania en día festivo no ha conseguido atraparnos.
 
De vuelta a Palermo, y tras un atasco considerable, devolvemos el coche y aprovechamos para acercarnos a Monreale a visitar su catedral, merece la pena. 
  



 
El resto del tiempo que nos queda seguiremos descubriendo rincones de Palermo, revisitando los lugares que nos cautivaron el primer día e incluso observarla, inevitablemente, con otra mirada. Una mirada ya no primeriza en Sicilia, sino con la corta experiencia de 7 días de visita, que nos permite comprender y valorar mejor lo que vemos.


Sin duda, una isla para volver.


Te puede interesar:

  • Ryanair: Vuelo Valencia - Palermo (directo). Es el único vuelo directo que sale desde Valencia. Línea low cost, en las que hay que hacer pagos adicionales para elegir asiento, subir el equipaje de mano al avión o para facturar equipaje.
  • Ryanair- Traslado: Traslado aeropuerto de Palermo  - Hotel
  • Get Transfer: Traslado aeropuerto de Palermo - Hotel 
  • RentalCars: A través de esta página web reservé el coche de alquiler con Sicily by Car, aunque esta compañía tiene opiniones para todos los gustos, de momento no he tenido ningún cargo extra inesperado en la tarjeta de crédito. Era la oficina de coches de alquiler que más cola tenía en el aeropuerto, buen precio. No tuvimos ningún problema con el coche, aunque no era nuevo y tenía algunos golpes, y habíamos leido muchas incidencias de otros viajeros con coche de alquiler. Recomiendo revisar bien el coche y anotar cualquier desperfecto que tenga, así como comprobar que lleva rueda de recambio, gato, triangulo, etc.

En breve os cuento más. Más información sobre hoteles, restaurantes y visitas en los artículos de cada destino.

Y no olvidéis consultar el artículo Cómo organizar un viaje: Tips que a mí me funcionan para más detalles.
 
   

Bon Voyage!




Y esto ¿Te lo vas a perder?

2 comentarios

  1. Graciaaaaas! Tranquilamente voy hacer mi viaje virtual a Sicilia, hoy la ruta ha sido buena. Besos

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    Respuestas
    1. Es un recopilatorio de toda la ruta, pronto más detalles de cada destino.

      B7ssss

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