Ragusa, una Isla dentro de una Isla

abril 30, 2018

  
  
Reparé en Ragusa cuando hace unos años la descubrí a través de la famosa serie italiana el Comisario Montalbano. Probablemente la ciudad de Sicilia que con más serenidad muestra su sello barroco.

Justo esa característica, su tranquilidad, la calma de sus calles estrechas y empinadas a las que asoman balcones de barandillas retorcidas y ménsulas barrocas, fue lo que llamó mi atención. Ese aspecto de pueblo,  donde parece que se viva al margen del estrés de urbes como Palermo y Catania, donde la vida parece que transcurre a otro ritmo, hace que se la considere como una isla dentro de una isla. Un remanso de paz dentro de la inquietante isla de Sicilia.

  

 
Su historia la ha marcado y la ha dividido en dos: Ragusa Ibla, la ciudad antigua que fue reedificada después del terremoto de 1693, y la nueva Ragusa, la ciudad moderna, aunque no nos dejemos llevar por este adjetivo ya que alberga verdaderas joyas.

Ragusa Ibla se nos muestra como una maraña de apretadas casas encaramadas y aferradas a la colina iblea, en la que el espacio se ha aprovechado al máximo y todos quieren encontrar su hueco. Lo mejor que podemos hacer es perdernos por este laberinto de angostas calles.

Nos alojamos en un pequeño hotel de Ragusa Ibla, justo al lado de la Iglesia de las Santas Ánimas del Purgatorio, y cerca de una zona de aparcamiento gratuito. Nosotros llegamos a nuestro destino atravesando toda la Ragusa nueva para continuar con un sinuoso y casi interminable descenso hasta Ragusa Ibla. Una vez allí, lo más recomendable es aparcar el coche y olvidarse de él en toda la estancia.

  

 
Habíamos llegado casi a mediodía y un sol de verano se abría paso incidiendo en todas las fachadas de uno de los lados de la calle. Nosotros caminábamos por el lado opuesto. Un corto paseo desde nuestro hotel hasta la Catedral de San Giorgio que realizamos lentamente para reparar en todos los detalles que nos asaltan: bonitos balcones con flores, bustos esculpidos en piedra que los adornan y parecen que nos observan, fachadas de colores, entradas señoriales que dan paso a palacetes y grandes casonas, un sinfín de elementos que nos sorprenden a cada paso que damos y que nos conducen hacia la plaza donde se abre la gran escalinata de la catedral.



 

 

 
Observando la Catedral de San Giorgio de frente, desde la Piazza Duomo, se aprecia como fue construida orientada hacia la calle de la derecha, al parecer, según nos cuentan, la familia de nobles que vivía en la calle opuesta se negó a pagar las obras.

  

 
Con la luz del día es majestuosa, ya no por su tamaño si no por la forma en que está construida y la perspectiva visual que se obtiene desde abajo, donde los escalones de su escalinata parecen elevarla al infinito.

  

 
Por la noche podremos confirmar este efecto óptico con la procesión de viernes santo, sin lugar a dudas, un escenario dramático. Ahora seguimos bajando por el Corso 25 de Abril hasta la Iglesia de San Giuseppe para después retroceder sobre nuestros pasos. Las terrazas que se abren a los lados de la calle comienzan a llenarse, es mediodía, y decidimos que es el momento de reponer fuerzas.

 
   
     

 
En mi lista de recomendaciones llevaba la Trattoria Ai Lumi, a escasos metros en esta misma calle, pero cuando nos encontramos ante su puerta dos detalles me hacen dudar. Uno de ellos es que hay un pequeño cartel en la puerta que indica que el Comisario Montalbano comió allí. Entiendo que lo que ocurrió es que se utilizó el magnífico enclave de la terraza para rodar alguna de las escenas de la famosa serie, pero no me acaba de gustar este reclamo turístico. Otra particularidad que me hace cuestionar la decisión de entrar es que el restaurante está vacío.

Nos lo pensamos un par de minutos y hasta casi hacemos el amago de irnos, pero había leído tan buenas críticas que decidimos entrar y menos mal que tomé esa decisión. Desconozco por qué ese mediodía fuimos los únicos comensales, por la noche cuando pasamos estaba llena la sala, pero fuimos atendidos divinamente, se nos aconsejó de manera acertada y fue uno de los mejores sitios donde comimos en todo el viaje.

  

 
No podemos poner ni un pero. Como entrantes un plato de Burrata y Coppa típicos de la zona de sabor deliciosamente inolvidables. Después llegaron los copiosos platos de pasta, a destacar los raviolis rellenos de nero di sepia con calamar, donde la tinta iba con el relleno y en la salsa aparecía el calamar, de escándalo. Y de postre, como no, una cassata siciliana, anda que no repetimos este postre durante nuestra estancia en Sicilia. Todo acompañado con unas copas de Nero d'Avola del que ya nos habíamos convertido en fieles seguidores.



 
Tras un almuerzo tan completo lo mejor que podíamos hacer era pasear tranquilamente buscando las escasas sombras que nos dejaba el sol de la tarde, y así dejar que las maravillas de Ragusa fueran saliendo poco a poco a nuestro paso.

  

 
Nos dirigimos hacia el Jardín Ibleo, un pequeño parque de palmeras y árboles con cierta frondosidad, situado en uno de los extremos de Ragusa Ibla y desde donde se obtienen unas bonitas vistas del paisaje. Dentro del recinto del jardín se encuentra la pequeña Iglesia de San Giacomo apóstol.

  

 

 
Una calma agradable residía en este pequeño oasis verde y corría una suave brisa que invitaba a sentarse en uno de los bancos y disfrutarla. Nos vino bien.

Un rato después volvimos hacia el duomo y esta vez subimos por la calle opuesta, la de la familia que no quiso pagar las obras, una calle que es una gran escalera desde la que se observa el duomo de perfil. En mi opinión, también es bello lo que desde ese lado se observa.

  

 
Caminamos sin seguir el plano que nos habían facilitado en el hotel, fiándonos de nuestra intuición. Nuevas callejuelas que desembocan en pequeñas e inesperadas plazas o que se abren en diminutos callejones, para acabar saliendo a la vía del Mercado, donde se encuentra nuestro hotel, y de ahí a la Iglesia del Purgatorio.

Justo enfrente comienza la senda de escalones que nos llevarán a la moderna Ragusa. Lo mejor no es el destino final sino lo que vamos descubriendo en el camino.

Tras subir los primeros tramos de escaleras, el campanario de la Iglesia della Madonna dell'Idria se deja ver justo al lado del Palazzo Consentini, donde destacan las barrocas ménsulas que soportan los balcones.

  

 
Seguimos casi en zig-zag subiendo escaleras. A veces el camino se bifurca, varias opciones se nos presentan a la vez y hay que elegir, aunque al final casi todas llevan al mismo punto.

Es maravillosa la vista que se obtiene desde lo alto de la escalinata de la Iglesia de Santa María delle Scale o delle Cateratte. Hay rincones que los he visualizado tantas veces mientras organizaba el viaje que ahora me da la impresión que no los visito por primera vez y éste es uno de ellos.

  

 
Seguimos subiendo el que será el penúltimo tramo de escaleras y que nos deja en una pequeña plazoleta o en  un gran rellano rodeado de escaleras, desde donde se obtiene otra bella imagen de Ragusa Ibla y del Palacio barroco de la Cancillería.

  
  

Ya nos encontramos en la Ragusa alta, aunque sus calles siguen en ascenso. Caminamos por Corso Italia y varios palacetes llaman nuestra atención, pero es el Palazzo Bernini con sus máscaras grotescas puestas como clave de bóveda en sus ventanas, él que me hace inmortalizarlas con mi cámara fotográfica. Representan al mendigo, al noble y a un señor de aspecto oriental, personajes que se repiten en muchas de las fachadas barrocas de la arquitectura siciliana.
    

 

 
Llegamos a una inmensa plaza que se abre creando espacio para albergar la Catedral de San Giovanni Battista. Esta desierta, el sol de la tarde sigue pegando fuerte, y solo algunos turistas la observan desde los espacios donde da la sombra. A sus pies unas cuantas terrazas, que ofrecen cafés y helados, se encuentran más pobladas.

  

 
Nosotros tras una fugaz visita a su interior y contemplar su fachada, decidimos tomar una rica granita de café en una de las terrazas de los cafés cercanos.

  

 
La vida parece pasar lentamente en Ragusa, como más contemplativa. Creo que la rutina nos hace subirnos a una espiral de estrés sin sentido y es necesario parar  y tomárselo con calma. Incluir a Ragusa en nuestro recorrido ha sido todo un acierto, lo pienso mientras disfruto de mi granita, y de lo afortunado que resulta disfrutar de esos momentos. No cambiaría nada en la ruta diseñada para esta escapada a Sicilia, quizás de poder hacerlo ampliaría mi estancia en Ragusa, así podríamos haber visitado Módica y Noto.

Tras un larga pausa dedicada a la vida contemplativa, literalmente, me levanto casi a regañadientes, podría seguir allí un buen rato más, sumida en mis pensamientos, a veces en silencio y a veces comentándolos en voz alta como si fueran máximas.

Volvemos a hacer el camino en sentido inverso y cuando se nos presentan bifurcaciones elegimos una diferente al camino por el que hemos venido. El sol incide ya de otra forma y Ragusa Ibla tiene otros colores, son diferentes pero está igual de bella.

  

 
Por la noche volvemos al Duomo San Giorgio. La gente se detiene a ambos lados de la calle y poco a poco nos vamos apelotonando.

  
  
   

 
La puesta en escena para la procesión de viernes santo está lista y, no importa si se es creyente o no,  resulta emocionante ver cómo descienden las cofradías por esa escalinata interminable, franqueada a ambos lados por bengalas humeantes y un sendero de velones que guían el camino de los que portan la urna del Cristo muerto y la Virgen de los Dolores. Con ellos una banda de música emociona a todos los allí presentes interpretando piezas de forma exquisita. Impresionante. Toda una suerte que nuestra estancia en Ragusa coincida en viernes santo.

  



 

 
Después daremos una vuelta por la Ragusa nocturna. La noche es agradable y una vez se queda vacía acabamos sentándonos en la terraza de la Piazza Duomo a tomar algo. Mañana nos espera Siracusa.


Te puede interesar:
  • Hotel Iblaresort: Pequeño hotel a escasa distancia del Duomo y justo al lado de la Iglesia del Purgatorio, compuesto por varios edificios situados en diferentes puntos de Ragusa. Ofrece habitaciones, suites y pequeños apartamentos. Las habitaciones son cómodas y agradables, muy limpio, buen desayuno y personal encantador. Volvería a elegir este hotel sin pensarlo. Hay aparcamiento al aire libre, grande y gratuito muy cerca.
  • Trattoria Ai Lumi: Totalmente recomendable a pesar de la impresión inicial que me causó. Deliciosos platos de pasta, amplia bodega de vinos, excelente materia prima y buen servicio. Si no vamos a pasar varios días en Ragusa es difícil elegir, ya que hay varios locales que merecen la pena ser visitados.
  • Caffe'Italia: Excelente local para tomar una granita o un café, también para tomar un tentempié mientras descansamos a los pies de la Catedral de San Giovanni.
  
Artículos de este viaje a Sicilia:
  

Y no olvidéis consultar el artículo Cómo organizar un viaje: Tips que a mí me funcionan para más detalles.
 
   

Bon Voyage!


 

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