Palermo, desordenada, decadente y extrañamente hermosa

abril 16, 2018



Palermo, la capital de Sicilia, se me presentaba como una niña mala y traviesa conocedora de sus encantos. Desaliñada, decadente, si se le echa una mirada por encima parece que todo está junto y revuelto, casi sin sentido, pero al cabo del rato ese caos acaba teniendo su lógica y nuestros ojos ven más allá, algo que no veían al principio, que gusta y que invita a seguir mirando, a observar.

Sus palacios, sus iglesias, sus fuentes, sus plazas nos hacen sentir que el tiempo se congeló en algún momento y así va a seguir para siempre. Fachadas desconchadas, balcones desvencijados y paredes apuntaladas que esperan una rehabilitación que no se sabe si algún día llegará. Este aspecto descuidado de quien se sabe hermosa es lo que acaba seduciendo a sus visitantes. 

Leo en mi guía que ha sido fenicia, griega, romana, árabe, normanda, española ... En fin, que ha sido conquistada por muchos, aunque quizás fue Palermo quien les conquistó y la historia se cuenta al revés.

  

Llegamos a Palermo casi de madrugada, y la ciudad nos recibió oscura, con calles inaccesibles que nos obligaban a dar interminables rodeos y muchas fachadas o edificios en rehabilitación. Nuestro taxi nos dejó en Quattro Canti, en la intersección de via Maqueda con Corso Vittorio Emanuele. El nombre le viene dado por la forma circular de los cuatro palacios barrocos que delimitan las esquinas de esta plaza. Nuestro hotel se encontraba a escasos metros, pero la calle se encontraba cortada al tráfico.

  

Nos alertó que el hotel tuviera cerrada la cancela de seguridad, supongo que sería por tranquilidad del recepcionista. Este detalle junto a las oscuras calles que acabábamos de recorrer confieso que me hizo plantearme qué tipo de ciudad era Palermo.

El hotel, Eurostars Centrale Palace, se encuentra emplazado sobre el antiguo Palacio Tarallo y forma parte de la ruta árabe-normanda considerada Patrimonio Mundial de la UNESCO, una vez estuvimos en su interior todo cambió. Nos alojábamos en un palacio, techos muy altos, escaleras de mármol, grandes estancias, muebles antiguos, frescos en las paredes, muy muy muy al estilo italiano.

Un sueño reparador y un buen desayuno nos dejaron listos para caer en las redes de Palermo. Caminando por Corso Vittorio Emanuele nos fuimos hacia la Catedral de Palermo dedicada a nuestra señora de la Asunción. Primero fue emplazamiento de una iglesia paleocristiana para después convertirse en mezquita, todavía se puede apreciar algún resto, pero siguieron añadiéndole reformas y ampliaciones de diferentes estilos arquitectónicos: normando, barrroco, neoclásico, etc. hasta conseguir una amalgama de estilos que, sorprendentemente, en vez de ofrecer un resultado estrambótico y excesivo consigue justo el efecto contrario, armonía y serenidad en el mestizaje de arquitecturas, convirtiéndola, en mi opinión, en una de las catedrales más rica y hermosa en lo que a fachada exterior se refiere.

 
  
   

 
No hay que perderse la visita a su interior, al tesoro, a la cripta y subir al tejado, esto último es algo que me encanta hacer siempre que se puede, ya que la visión que desde allí ofrece la catedral, como la plaza y la ciudad, es diferente.


 

Palermo ya me tenía ganada cuando desde la catedral cruzamos al Parque Villa Bonanno, un jardín de esbeltas palmeras que da acceso al Palacio de los normandos, actual sede del Parlamento regional siciliano. Para visitarlo, solo en fin de semana o festivo, hay que hacerlo por la entrada que hay justo en la fachada opuesta, en la Plaza de la Independencia. Atravesamos la Porta Nuova y nos dirigimos hacia allí.

  



No era fin de semana por lo que no podríamos visitar el palacio pero sí podíamos acceder la Capilla Palatina, un imprescindible que no debemos perder en nuestra visita a Palermo. La Capilla Palatina es una bombonera. Exquisita fusión de arte árabe, bizantino, normando y siciliano, con unos mosaicos realmente magníficos. Abruma su pequeño interior por su belleza y por la inmensa cantidad de detalles, no sé a donde mirar. Una verdadera joya que nos dejó realmente admirados.

 



A la salida me dí cuenta de las horas que eran y de que no habíamos visitado ningún mercado, así que debíamos darnos prisa o no los veríamos en plena efervescencia. Nos acercamos al Mercado de Ballaró y de nuevo nos sumergimos en el Palermo más caótico: calles más pobres, ropa colgada en los balcones, cables que se van enlazando de fachada en fachada, gritos, vespas que atraviesan el mercado, charcos insalvables, carretillas de hortalizas que vienen hacia nosotros a toda velocidad, vendedores que vociferan su mercancía y sicilianos que sentados en los puestos de comida del mercado observan impasibles a la gente pasar. ¡Qué contraste! Unos corren, otros ni se inmutan, unos no dejan de dar voces, otros permanecen callados como estatuas. Los puestos rebosan verduras, pescados, aceitunas, productos que llaman nuestra atención. Seguimos sin rumbo el discurrir de los tenderetes, nos dejamos llevar.

  



 
¿Dónde estamos? Con la confusión del mercado y el laberinto de calles he perdido la orientación. Menos mal que existe el roaming y menos mal que existe Google maps, bueno hasta que me dice que siga en dirección noroeste. ¿Noroeste? Pero Google maps, ¿tú crees que si yo supiera donde está el norte o el sur, te hubiera preguntado? En fin, la intuición o la lógica, ya no sé, acaba funcionando y en dos minutos estamos fuera de ese laberinto.

¿Qué tal si reponemos fuerzas? No demasiado lejos se encuentra L'Antica Focacceria de San Francesco. Tanto si lo que apetece es picotear entre la gran cantidad de delicias sicilianas como saborear un plato de pasta en un ambiente informal, este es el lugar. Arancini, caponata, involtini de berenjena, focaccia, panelle y un sinfín de delicias más, nos lo pondrán difícil a la hora de escoger. ¡Ah! y no olvides probar sus Canolis, riquísimos. Los hay en versión mini por si nos entran remordimientos.
 
 



 
El descanso y nuestro primer contacto con la gastronomía siciliana nos da energía suficiente para seguir dejando que Palermo nos conquiste.

Paseamos por la Plaza Pretoria y su fuente espectacular, conocida como "de la vergüenza" por la desnudez de las numerosas estatuas que la componen. Estatuas de personajes mitológicos, tritones, sirenas, cabezas de animales o monstruos y una alegoría a los cuatro ríos de Palermo. La plaza está rodeada por la Iglesia de Santa Caterina, la Iglesia de San Giuseppe y el Palacio pretorio y es un remanso de paz, sobre todo cuando no hay demasiados turistas.

 

 
La Plaza Pretoria a su vez es la puerta a la Plaza Bellini, donde se encuentra el Teatro Bellini, ahora convertido en restaurante, y la Iglesia de la Martorana, una de las más bonitas de Palermo después de la catedral. Al igual que ocurre en otros edificios de la ciudad, combina a la perfección elementos normandos y barrocos, aunque a mí me gustan más los primeros.

A escasos metros de la Martorana se alza la Iglesia de San Cataldo de estilo árabe-normando y con tres cúpulas rojas que la hacen distinta al resto.

 

 
Retomamos nuestro paseo por la ajetreada Via Maqueda en dirección al Teatro Massimo. A ambos lados de la calle abren sus puertas numerosos comercios y locales informales donde se puede tomar algo. 

Y caminando, caminando llegamos al Teatro Massimo. Hay que darle la vuelta para hacernos una idea de su tamaño y hay que verlo con la luz del día pero también recomiendo hacerle una visita nocturna.
 
   
 
   

 
Cuando volvemos a contemplarlo por la noche, nos quedamos observando su escalinata mientras nos llegan los acordes de "El Padrino" interpretados por un músico callejero. Con estos ingredientes es fácil e inevitable imaginamos a Al Pacino bajar las escaleras con su hija a la vez que ocurre el fatal desenlace.

Enfrente del teatro se abren un montón de callejuelas plagadas de restaurantes, en mi opinión más turísticos, aunque no estuvimos en ninguno de ellos. Nosotros volvemos por via Roma y a la altura de la Iglesia de San Domenico nos adentramos en las calles que conforman el Mercado de la Vucciria, todavía animado, cuando ya son las últimas horas de la tarde, y donde se encuentra la Trattoria Da Toto, un pequeño restaurante muy recomendable donde comimos el último día de nuestro viaje.
  
     

  
Para esta noche habíamos reservado mesa en la Osteria dei Vespri, un pequeño y acogedor restaurante para amantes de la enología y del slow food, donde trabajan con producto de la zona. Figura en la Guía Michelin y hasta el mes de abril ofrecían menús de dos o tres platos más postre, que permitían probar su cocina a relativamente buen precio. Cuando al final del viaje, a la vuelta de nuestro recorrido por Sicilia, quisimos despedirnos gastronómicamente aquí de nuevo, el único menú que había disponible era el menú degustación, mucho más extenso y a un precio mucho más elevado. Puede que tras las vacaciones de Semana Santa ofrezcan carta y una variedad mayor de menús.

 

 
En cualquier caso, resaltar la deliciosa pasta que allí tomamos, unos ravioli rellenos de ricotta al limón y espinacas con calabacín, realmente exquisitos, así como un prosciutto ahumado que tomamos de entrante. Reconocer que la presentación de los platos no estaba a la altura de la calidad de los mismos, como se puede juzgar por las fotos. Disponen de una amplia carta de vinos, nosotros tomamos un Nero d'Avola que nos encantó.

 

 
Nuestro primer día en Palermo había sido muy intenso, al día siguiente comenzábamos nuestra ruta en coche por la isla, después volveríamos a Palermo para seguir conociéndola, sería el  broche final a nuestro viaje por Sicilia.

Y justo cuando cinco días después volvimos a Palermo nos alojamos en el mismo hotel. Tras dejar el equipaje en la habitación, esta vez con vistas a Quattro Canti y a la cúpula de la Iglesia de San Giuseppe, salimos a comer, era más de mediodía y estábamos hambrientos.

 


El Mercado de la Vucciria nos quedaba a tiro de piedra y era una buena opción, allí nos esperaba Trattoria Da Toto, que parece estar permanentemente abierto.

Especializado en platos de pescado y marisco, y de pasta, en los que el pescado y el marisco también son los protagonistas, es frecuentado por italianos, lo cuál de alguna forma nos asegura que no nos hemos equivocado en nuestra elección. Elegimos nuestros platos de pasta, que acaban siendo descomunales, y mientras esperamos tomamos unas cervezas y un aperitivo clásico, aceitunas y boquerones.

 

 
Nos vamos más que satisfechos, el servicio ha sido un poco lento y la pasta quizás estaba demasiado al dente pero deliciosa y lo que he podido constatar en todo el viaje es que bordan la salsa de tomate, ella sola ya está exquisita. Por cierto, una curiosidad, ¿sabíais que en algunos restaurantes te ponen un babero para comer? Es para evitar que te manches con sus deliciosas salsas.

Tras satisfacer el apartado gastronómico, paseamos hacia la Catedral de Palermo, que se ve diferente dependiendo de si el sol incide o no en ella, atravesamos la Porta Nova y nos dirigimos hacia la Plaza da la Independencia. Es ahí donde tienen parada los autobuses que van hacia Monreale.

 


Monreale se encuentra a escasos kilómetros de Palermo, en una colina. Desde allí no solo se obtiene una bella panorámica de Palermo,  sino que se puede visitar otra de las más bellas catedrales normandas de Sicilia. La Catedral posee en su interior unos mosaicos preciosos en cuya realización participaron artistas griegos, bizantinos sicilianos y venecianos.






Su hermoso claustro ya no se puede visitar pero si observar desde el tejado de la catedral, desde donde también se ofrece una panorámica de Palermo envidiable.

 


A la salida tomamos una granita de café en una de las terrazas de la plaza y volvemos a Palermo a última hora de la tarde.

Es nuestra última noche en Palermo y también nuestra última noche de esta escapada. Tras pasar un momento por el hotel, salimos de nuevo a pasear por las calles palermitanas, revisitamos lugares donde ya hemos estado estos días, volvemos a contemplar el Teatro Massimo y ya rendidos tomamos algo en uno de los numerosos locales de via Maqueda. Exprimimos los días al máximo.

Al día siguiente no desayunaremos en el hotel, lo haremos en una pastelería de via Roma, justo enfrente de los grandes almacenes la Rinascente, que nos llamó la atención el día anterior. Nuestro vuelo sale por la tarde, así que tenemos toda la mañana para pasear y volver a perdernos por las calles de Palermo.

Nos acercamos al puerto y caminamos un buen rato por el paseo marítimo. Es otro Palermo, en realidad hay varios "Palermos" en Palermo.

 


Desde allí nos dirigimos tranquilamente hacia la zona del Teatro Politeama Garibaldi y pasamos por delante del Hotel et Des Palmes, donde se dice que la mafia italiana y americana tuvo una importante reunión en los años 50 para negociar sobre el tráfico de drogas.
 
Vagabundeamos arriba y abajo hasta que es mediodía. Hay algo de melancolía en este paseo por que somos conscientes de que el viaje apura sus últimas horas.

 


Comemos en Osteria Lo Bianco, cerca del Teatro Politeama, platos sicilianos tradicionales en un ambiente informal. Su cercanía al puerto, donde atracan los cruceros, hace que sea frecuentado por los turistas y aunque todos los platos elegidos nos gustan, hay un punto de aprovechamiento comercial en el servicio que no me satisface del todo, aunque no por ello deje de recomendarlo.






Y ahora sí, ha llegado la hora de recoger el equipaje y dirigirnos al aeropuerto. Nuestra escapada a Sicilia ha llegado a su fin.  Arrivederci Sicilia.

Te puede interesar:
  • Hotel Eurostars Centrale Palace: Hotel de 4* emplazado sobre el antiguo Palacio Tarallo. Decorado al más puro estilo italiano y ubicado en el centro de la ciudad, al lado de Quattro Canti. Buen precio si se reserva con tiempo a través de su web, incluyendo desayuno y botella de agua en la habitación gratuitos.
  • L'Antica Focacceria de San Francesco: Un buen lugar para una comida o cena informal en el centro de Palermo. Se puede comer allí o comprar y llevar.
  • Osteria dei Vespri: Pequeño restaurante ubicado en la plaza del mismo nombre y muy cercano a L'Antica Focacceria de San Francesco. De precio más elevado, puede ofrecer diferentes tipos de menús dependiendo de la época del año. Extensa carta de vinos, gourmet y lowcost. Producto de cercanía y de calidad.
  • Trattoria Da Toto: En pleno Mercado de la Vucciria y frecuentado por sicilianos, garantiza una buena comida siciliana, platos abundantes, a muy buen precio.
  • Osteria Lo Bianco: Osteria tradicional siciliana, platos variados, cerca del Teatro Politeama.
  • Prestia e Comande: Autobús de traslado Palermo - Aeropuerto - Palermo.
    Salen cada media hora desde el aeropuerto o desde la estación central de Palermo.
    El viaje de ida y vuelta cuesta 10 euros, 6 euros el billete sencillo y 6.30 € si no se coge en la parada de inicio.
    Desde el aeropuerto hacia la estación, la penúltima parada es en Via Roma casi esquina con via Venezia y para ir al aeropuerto hay una parada en via Roma justo delante de los almacenes Rinascente. Estas paradas quedaban a 5-10 minutos de nuestro hotel. Consultar horarios y paradas en su web.
  • Autobús a Monreale - AMAT 389: Justo delante de la puerta de entrada a la Capilla Palatina, en la plaza de la Independencia, hay una caseta donde se pueden comprar los billetes de ida y vuelta, 1.5 € por trayecto.
    Los horarios se pueden consultar allí y en festivo pasan cada 75 min. aproximadamente.
    La parada se encuentra a pocos metros de la caseta de venta de billetes.
  • La información que proporcionan en los lugares a visitar en mínima o nula, por lo que recomiendo descargarse en el móvil una guía o llevarla impresa.

Y no olvidéis consultar el artículo Cómo organizar un viaje: Tips que a mí me funcionan para más detalles.
 
   

Bon Voyage!




Y esto ¿Te lo vas a perder?

4 comentarios

  1. Estupendo relato, a ver si puedo disfrutar viéndolo, de verdad. Besos y hasta muy muy pronto.

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  2. Muchas gracias Carmen, en una semana estaré allí, seguiré tus recomendaciones, Un beso

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    Respuestas
    1. Veras como te gusta, aunque cada uno nos traemos una idea de ella. Buen viaje!!!

      B7ssss

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