02 noviembre 2017

Sendeando por la Selva de Irati y Fábrica de Orbaitzeta



 
Habíamos llegado al ecuador de nuestra escapada y no habíamos perdido el tiempo: Olite, Roncesvalles, Saint-Jean Pied de Port, Ochagavía y Ermita de Muskilda habían formado parte de nuestras etapas de viaje. 

El día de hoy lo íbamos a dedicar al alma de esta escapada, a la Selva de Irati con una visita a la Fábrica de Orbaitzeta. Conocer la Selva de Irati había sido el eje central alrededor del cuál se fueron montando estos días de aventura, es por ello que nos alojábamos en el Valle de Salazar.

Nosotros teníamos pensado realizar la ruta circular al Embalse de Irabia y si seguíamos con ánimo realizar también la ruta circular de los Paraísos de Erlan, así que salimos de Ochagavía en dirección hacia Aribe y desde allí hacia la Fábrica de Orbaitzeta.
  


 
En realidad no pensábamos visitarla en primer lugar, pero tan ensimismados íbamos viendo el paisaje que cuando nos dimos cuenta era algo tarde para virar hacia la derecha, hacia el desvío que conduce a la Selva de Irati y la carretera era demasiado estrecha y con curvas que impiden la visión y poder hacer maniobras de cambio de dirección, así que en cuestión de segundos cambiamos el orden del día y decidimos que visitar la Fábrica de Orbaitzeta en primer lugar, sería mejor. Y lo fue.

  

 

 
Ubicada en el Valle de Aezkoa, la Fábrica de Orbaitzeta apenas dista 5 kilómetros de la frontera con Francia. Fue Real Fábrica de Armas y Municiones y en la actualidad está en ruinas, sólo permanecen en pie sus robustos muros.

La fábrica se construyó allí en el siglo XVIII al ser una rica zona maderera y por las minas de hierro y los cursos de agua  que habían en la zona y que favorecían esta industria. Durante su existencia se dedicó a abastecer de armas y munición al ejército, pero al estar tan cerca de la frontera fue saqueada e incendiada en diferentes ocasiones hasta que en el siglo XIX se abandonó.

  

 
Personalmente, me encanta la imagen que ofrece ahora, conquistada por la naturaleza como si de una pirámide azteca o maya se tratara. La mayoría de sus piedras están cubiertas de musgo o dejan salir entre sus rendijas algo de vegetación, de hecho quedó camuflada y casi absorbida por la naturaleza.

Después de observarla desde lo alto, desde donde se aprecia mejor su estructura, y de caminar entre sus muros con el ruido del agua de fondo, nos fuimos hacia la Selva de Irati, ahora sí, siguiendo el desvío del Embalse de Irabia.

Este desvío nos conduce hasta el punto de información, una caseta con un área de aparcamiento donde deberemos comprar el ticket que nos autoriza a seguir subiendo por una pista cementada, de unos 8 kilómetros, hasta casi los pies del Embalse de Irabia. Allí hay dos pequeñas zonas de aparcamiento. Nosotros lo intentamos en la primera, y fue imposible aparcar, así que subimos por una cuesta a la segunda zona de aparcamiento, que también estaba llena, y decidimos dejar el coche en un saliente de la pista sin que molestara.

  

 
De allí comenzamos a andar en busca de la Presa del Embalse de Irabia e iniciamos la ruta circular. Es una ruta de 10 kilómetros de dificultad sencilla, sin apenas desnivel, que transcurre, principalmente entre hayas y abetos. Mires hacia donde mires, en los lugares que los árboles te dejan ver el bosque, se ven laderas de montañas cubiertas de hayedal y  diferentes especies de abetos, que en esta época del año ofrecen una combinación de colores preciosa.

  

 

 
A pesar de la sequía que atravesamos, encontramos setas de todos tipos, a los pies de los árboles, entre las pequeñas cavidades que se forman en sus troncos y también en éstos, rivalizando con las ramas, como si fueran parasoles o sombreros.

  

 

 
Montones de hojas secas cubren el sendero y emiten pequeños crujidos a nuestro paso, el musgo recubre ramas y piedras, y de vez en cuando el hayedal nos permite ver el Embalse de Irabia que sí acusa la sequía.

Nosotros hemos cruzado la presa y emprendemos la ruta comenzando por la parte sur del embalse. Es muy agradable pasear por el sendero, pararse a observar las setas que nos llaman la atención, nunca había caminado en España por un bosque con tanta proliferación de setas y hongos.

  

 

 

 
Aproximadamente a mitad de la ruta el camino se ensancha, atrás hemos dejado el cruce por el que se va hacia Casas de Irati y la Ermita de la Virgen de las Nieves.

  

 

 

 
En la parte que mira más al norte del embalse, el hayedal que hay justo en la orilla es algo menos espeso y dejar pasar el sol. Caminamos un buen rato lentamente, como si quisiéramos hacer más largo el camino.

  

 

 

 
El embalse de vez en cuando se adentra hacia el hayedal en estrechos ramales. En uno de ellos hay unas rocas en una diminuta playa que nos parecen el lugar ideal para hacer nuestro picnic y reponer fuerzas. En la otra orilla, a escasos metros y separados por el agua, una pareja de vacas pastan tranquilamente mientras su cencerro no deja de sonar.

  

 
No se puede estar mejor, el sol brilla a rabiar, luce un cielo azul radiante, completamente despejado, el ruido del agua proporciona calma y ahora no se oye ningún excursionista pasar, parece que es la hora del descanso.

Un buen rato después emprendemos la ruta y bordeando el embalse llegamos a la altura de donde estaban las vacas que veíamos en nuestro almuerzo, seguimos caminando bajo las esbeltas hayas.

La ruta está ya casi a punto de finalizar cuando nos encontramos el desvío hacia la ruta circular de los Paraísos-Erlan. No estamos cansados y su longitud no llega a los 5 kilómetros, así que sabiendo que es una de las zonas donde el hayedal es más bonito, no nos cuesta decidirnos.

  

 

Al principio nos encontramos con alguna zona bastante embarrada y encharcada que hace que se instale en nosotros la duda acerca de si ha sido una buena decisión hacer la ruta, pero, afortunadamente, luego el trayecto mejora.

Esbeltas hayas, frondosas, espesas, nos acompañan por la estrecha senda que asciende por la ladera Mozolotxiki. Es aquí donde vemos curiosas especies de hongos enganchadas a los troncos de las hayas. También es aquí desde donde se ven unas preciosas vistas del hayedal y del embalse.

  

 

 
El punto más alto de esta ruta es el Collado de Ermuñoa, a partir de aquí la ruta va en descenso hasta la pista cementada, muy cerca de la primera zona de aparcamiento. Nosotros proseguimos por que tenemos el coche en la segunda zona de aparcamiento.

  

 
Es media tarde, así que iniciamos el regreso. Volvemos a bajar por la pista cementada hasta el punto de información y de ahí a Aribe para luego tomar la carretera hasta Ochagavía.

Una ruta preciosa y sin dificultad que permite pasar el día paseando por el hayedal. En esta escapada ya no nos será posible realizarla, pero siempre me dejo algo en mi lista de pendientes para una próxima vez y en esta ocasión será realizar una ruta por la Selva de Irati desde las Casas de Irati, visitando también la Ermita de la Virgen de las Nieves y la Cascada del Cubo, debe ser maravillosa.

Cuando llegamos a Ochagavía nos recibe preciosa, con ese dorado que regalan los últimos rayos de sol de la tarde. Nos quedamos en la terraza del Hotel Auñamendi, tomando un té y disfrutando del ambiente hasta que el calor de estos últimos rayos de sol de la tarde desaparece e invita a tomar una ducha reconfortante y prepararse para seguir disfrutando de la gastronomía ochagaviarra.

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 Bon Voyage!




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