15 junio 2017

Heidelberg, Romántica y Verde




Si habíamos elegido Frankfurt como destino para nuestro viaje sólo-chicas de 2017, entre otras cosas había sido gracias a Heidelberg. Toda la información que caía en mis manos sobre Heidelberg, la dibujaba romántica y verde y así es como yo la ví, a pesar de que parte del día fue gris, con lo que no resaltaba tanto su belleza, y a pesar de la cantidad de turistas que tuvieron aquel sábado la misma idea que nosotras y que hacía que el casco histórico estuviera a rebosar de gente.

A Heidelberg la atraviesa el río Neckar, quedando sus riberas enmarcadas en sendas colinas verdes. A la izquierda el centro histórico, la zona comercial y dominando en lo alto el castillo. A la derecha, la parte de la ciudad más nueva y una zona de jardines y bosques que, esta vez, me quedé con las ganas de conocer. Probablemente fue eso, el río, el derroche de verde, su arquitectura, lo que me traía constantemente a la memoria la escapada que el año anterior habíamos realizado a Ljubljana.
  

  
  
Salimos temprano desde la estación de trenes de Frankfurt, unos 90 km. es la distancia que separa a estas ciudades y que un tren directo recorre en apenas una hora.

Una vez en Heidelberg, nos dirigimos caminando hacia el centro, y en unos 20 minutos ya estábamos allí. Tomamos una calle paralela a la concurrida Hauptstrasse para llegar al funicular que nos subiría al Castillo, pero antes hacemos una visita a la Biblioteca de la Universidad, la más antigua de Alemania, con la mala suerte de que la mayoría de sus salas se encuentran en obras y no podemos acceder a ellas.
  
  
  
 
Ya en la taquilla del funicular sacamos los billetes que incluyen tanto la subida como la bajada del castillo, la visita al mismo, al Museo de la farmacia y al Gran Tonel. En ese momento todavía no lo sabemos, pero hay estancias del castillo visitables que sólo se pueden conocer con una visita guiada.
  
  
  
  
  
 
El Castillo de Heidelberg es una especie de fortaleza y palacio de origen medieval. Con el paso de los siglos fue asaltado, abandonado, ampliado y reconstruido, dando lugar a la imagen que hoy en día ofrece y que puede resultar tan evocadora.
  
  

 

 
  
 
En el recinto se encuentra el Museo de la Farmacia que alberga una entretenida y curiosa colección de mobiliario y utensilios farmacéuticos, juntos con alguna medicina o remedio de la época y el método de su fabricación.
  
  
  
  
  
 
También dentro del perímetro del castillo encontramos el Gran Tonel. Una sala donde además de encontrarse la cafetería, alberga un tonel de dimensiones descomunales. Dicen que es el más grande del mundo y no seremos nosotras las que lo pongamos en duda con su capacidad de 220.000 litros.
  
  
  
 

 
Tras la visita al castillo recomiendo pasear sin prisas y admirar las vistas que desde allí se obtienen del río y de los tejados de la ciudad. Sólo por contemplar este paisaje, ya merece la pena subir al castillo.
  
  
  
  
  
  
  
 
Aunque es posible realizar el descenso a pie hacia el corazón de la ciudad, volvemos a tomar el funicular. Una vez allí, atravesamos la Plaza del Mercado de Trigo, Kornmarktz, en el centro de la cuál hay una estatua de la virgen y desde donde se obtienen unas bellas vistas del castillo de donde veníamos.
  
  
  
 
A pocos pasos se encuentra la Iglesia del Espíritu Santo, Heiliggeistkirche, también del s. XV. La zona está rodeada de tiendas, y hoy se celebra también un mercado, tradición que se ha conservado desde la época de construcción de la iglesia.
  
  
  
 

 
Es la zona comercial por excelencia y hoy está a rebosar. Hace buena temperatura para la época y no llueve, al contrario que el día anterior, así que los alemanes han salido a la calle a disfrutar del día y no cabe ni un alfiler.

De aquí parte la Hauptstrasse, la calle peatonal más larga de Europa y si lanzamos la vista a lo lejos sólo vemos un mar de gente.
  
  
  
 
Con tanta excursión se nos ha abierto el apetito y los locales están a rebosar. Como referencia llevábamos unos cuantos, pero decidimos probar suerte en el Cáfe Knösel tentadas por las deliciosas tartas que íbamos a poder probar después de nuestro almuerzo, y resultó ser una buena elección. Local cómodo, con una carta variada con especialidades alemanas y otros platos europeos, y lo mejor, un abanico de tartas al que fue imposible resistirse.
  
  
  
  
  
 
Tras la comida volvimos  a sumergirnos en el bullicio de Heidelberg, ese entramado de calles flanqueadas por edificios barrocos en las que una marea humana no deja de fluir. 
   
 
  
  
Nos acercamos hacia el río, y aunque hay varios puentes que lo cruzan, el más bello es el Carl Theodor Brücke o Puente Antiguo, que data del s. XVII y que se convierte en un bellísimo marco para inmortalizar las vistas más bonitas de la romántica Heidelberg.
  
  
  
  
  
 
En esta ocasión no pude hacerlo, pero confieso quedarme con las ganas de cruzarlo para llegar a la otra orilla y perderme por aquellos bosques. Es una zona preciosa, donde los amantes de los largos paseos en entornos naturales pueden disfrutar de lo lindo.
  
  
  
  
  
 
El río Neckar es un afluente del Rhin, al igual que el Meno en Frankfurt, y permite realizar paseos en barco y recorrer sus orillas. Seguro que es un agradable paseo, pero un día de excursión en Heidelberg no es suficiente para poder realizar todo lo que la ciudad ofrece.
  
  
  
 
En nuestro caso, volvimos sobre nuestros pasos hacia la Iglesia del Santo Espíritu en la Plaza del Mercado. Justo enfrente de la iglesia se encuentra la Casa del Caballero, Haus Zum Ritter, que ahora es un hotel aunque fue construida por el comerciante hugonote Charles Belier.

Desde aquí nos fuimos paseando por toda la Hauptstrasse, entrando y saliendo de el infinito número de pequeños comercios que la recorren. De esta calle principal, también parten un sinfín de callejuelas por las que apetece adentrarse y perderse, algunas confluyen en una pequeña plaza, otras no tienen salida, pero es la forma de conocer los entresijos de esta ciudad.

Cuando finalizamos la calle nos acercamos al río. En los alrededores también hay gente practicando deporte, ya sea corriendo, en bici o practicando vela. Nosotras aprovechamos estas vistas para despedirnos de Heidelberg.
   
 

 
  
  
Ha salido el sol, hace calor y antes de emprender rumbo hacia la estación de tren para volver a Frankfurt, tomamos un capuccino en una agradable terraza. Hago recuento mental de todo lo que me dejo aquí por hacer, tampoco puedo tachar a Heidelberg de mi lista de pendientes.

La próxima vez continuaré subiendo con el funicular más allá del castillo, me adentraré en los bosques de Odin y llegaré a la silla del rey, el Königstuhl, desde donde se disfrutan de unas vistas del Neckar y del valle del Rhin insuperables, y que ahora me he tenido que conformar viéndolas en fotos. A la próxima, espero poder perderme por los bosques que se alzan en la orilla derecha del Neckar, y al menos, realizar el Camino de los Filósofos. Y sí, también la próxima vez, embarcaré en uno de esos pequeños cruceros que recorren el Neckar y te llevan a conocer bosques y pueblos cercanos. Así que, la próxima vez, será mejor que pernocte en esta preciosa ciudad y de esta forma disfrute de sus vistas nocturnas.

Heidelberg ofrece muchas cosas por conocer que no se pueden abarcar en una excursión de un sólo día, pero un día te permite realizar una buena toma de contacto con ella, visitar lo principal y convencerte de que tendrás que volver.

 



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 Bon Voyage!





4 comentarios :

  1. Me has dejado muy claro que tengo que ir. A ser posible dormir en Heidelberg. Voy a intentar planificar la visita, pero antes repasare con detalle todas tus anotaciones.
    Gracias. Besos

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    1. Es una ciudad muy manejable y agradable, te gustará.

      B7ssss

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  2. Coincido con Carmen en todo se quedó muy corto y a ser posible no ir en fin de semana

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    1. La próxima vez lo planearemos de otra forma, no sé si habrá tanta gente todos los fines de semana o el buen tiempo tuvo mucho que ver.
      Otro destino a repetir!!
      B7ssss

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