17 mayo 2017

La Granja de San Ildefonso y el Camino de las Pesquerías Reales


 
 
La Granja de San Ildefonso ha sido el lugar que hemos elegido como base para la segunda parte de nuestra pequeña escapada de Semana Santa.

Cuando hablamos de La Granja es fácil pensar en palacios reales, extensos jardines y esplendorosas fuentes, pero esta población es algo más que un real sitio. Enclavada a los pies de la Sierra de Guadarrama, el río Eresma o Valsaín, como se conoce en la zona, traza el recorrido de lo que fueron las Pesquerías Reales.

Las Pesquerías Reales fue un camino mandado construir por Carlos III para facilitar el acceso a los lugares de pesca más privilegiados del río Eresma y atraviesa los Montes Valsaín. En la actualidad este sendero se ha conservado y adaptado, convirtiéndose en una preciosa ruta senderista no circular de 12 km, que no perdimos ocasión de recorrer en esta escapada.



 
 
Pero comencemos por el principio. Nuestra primera mañana en La Granja la dedicamos a visitar el Palacio Real y a pasear por sus jardines. Como el calor apretaba, a primera hora ya estábamos visitando las salas del palacio que mando construir Felipe V para retirarse y que aunque abdicó en su hijo, Luis I, poco le duró la jubilación, ya que tuvo que volver a ceñirse la corona tras la muerte de su heredero. De esta forma, el Palacio de La Granja quedó como residencia estival desde Felipe V hasta Alfonso XIII.

  

 
El elemento central del conjunto arquitectónico que conforma el palacio es la Capilla Real o Colegiata, todo muy de estilo italiano. Hay que resaltar tanto los jardines, como sus fuentes y la ornamentación de las mismas, cuyo mecanismo hidráulico sigue hoy en día en funcionamiento.

  



 

 
Carlos III encargó la construcción de un gran número de edificios en la población para su séquito, como la Casa de los Infantes, ubicación actual del Parador, o la Fábrica de Cristales.

  
 
 
Cuánto me gustó pasear por los jardines, contemplar las fuentes, su arquitectura, su disposición, su ornamentación en mármol, y eso que a esas horas no estaban en funcionamiento. Situados frente al Palacio, si se observa desde la fachada del mismo, al fondo podemos ver la Sierra de Guadarrama todavía con sus picos nevados, toda una belleza.

 

Preciosos estos jardines de estilo francés cuyas dimensiones permitían tener zona de paseo, zona de caza y hasta un laberinto.

Salimos de los jardines exhaustos por la caminata y por el calor, nos pasó lo mismo en los Jardines del Príncipe en Aranjuez, pero nos resultaban tan magníficos y tan impresionantes que siempre queríamos ir un poco más allá. Para disfrutar de ellos volvimos a perdernos por ellos en varios momentos de los que duró nuestra estancia en La Granja.

Ahora era mediodía, estábamos algo cansados y hacía calor. Las calles de la población estaban repletas de visitantes y no teníamos reservado restaurante, por lo que las dos primeras opciones que llevábamos en nuestra lista gastronómica se nos cayeron a la primera de cambio, pero a la tercera fue la vencida y pudimos degustar la gastronomía de la zona en La Taberna del Pelón.

Tras la comida, un descanso merecido en el Parador de La Granja, donde nos alojábamos y a media tarde salimos a realizar una pequeña excursión que nos llevaría por el Camino de las Pesquerías Reales más cercano a La Granja.

  
 
 
Como he comentado antes, este camino fue mandado construir por  Carlos III, a quien le encantaba ir de pesca, y de esta forma tenía fácil acceso a la ribera del río Eresma para pescar truchas. La ruta tiene un total de 12 km. que comienzan en el embalse del Pontón Alto, a 1 km. de La Granja en dirección a Segovia. Prosigue por Valsaín, Boca del Asno, Puente de los Vadillos y finaliza en el Puente de la Cantina.

 

 
Como la ruta no es circular, el objetivo esa tarde era llegar hasta Valsaín, a poco más de 5 km del embalse, a lo que habría que sumarle la vuelta.

  

 
Nada más iniciar la ruta el paisaje nos cautivó. Ver reflejada la cima nevada de la Sierra del Guadarrama en las aguas del embalse con  un cielo de azul intenso y un hermoso bosque de pinos esperándonos, no era para menos.

  

 
Comenzamos a andar por el margen izquierdo del río, remontando la corriente y casi siempre sin apenas perderlo de vista. Aunque quizás es la parte del camino que más subidas y bajadas tiene o cuya senda es más irregular, la ruta no tiene ninguna dificultad.

  

 
Hicimos el recorrido sin prisas, disfrutando del entono, del sonido de las aguas del Eresma, de los pájaros que andaban algo alborotados en los inicios de la primavera y de los espectaculares pinos entre los que paseábamos.

A lo largo del camino pudimos apreciar restos de las losas, rocas y escalones tallados en las piedras con las que se adaptó el sendero que facilitaba el acceso. Sin duda alguna, al rey le ponían fácil la práctica de su entretenimiento favorito. Todavía existen algún mojón que nos recuerda lo real de la historia de esta senda.

Durante el paseo también observamos alguna presa y algún salto de agua artificial para favorecer la oxigenación de las aguas y permitir la cría de buenos ejemplares de trucha.

    



 
Ya en las inmediaciones de Valsaín vuelven a aparecer tramos empedrados bien conservados que nos llevan hacia una gran rampa de hormigón que permite remontar a las truchas el muro del embalse de Valsaín. 
  

 
Estamos ya en las últimas horas de la tarde y no queremos que la noche nos sorprenda a la vuelta, así que en este punto iniciamos la vuelta por donde hemos venido.

  

 
A la mañana siguiente nos dirijimos en coche al aparcamiento de Boca del Asno. Decidimos hacerlo así para garantizarnos la ruta que va desde Boca de Asno hasta Puente de la Cantina y al regreso al punto de partida, si seguimos con fuerzas suficientes, realizar el tramo de ruta que nos queda pendiente y que va desde Boca del Asno a Valsaín.

El tramo del Camino de las Pesquerías Reales que hicimos la tarde anterior me resultó bellísimo, pero el que va de Boca de Asno al Puente de la Cantina es una maravilla.

  
  
 

 
La idea era disfrutar del momento, hacer la ruta a un ritmo normal, sin prisas, y el paisaje acompañaba hacerlo.

Los pinos se alzaban a alturas verdaderamente considerables, las aguas del Valsaín eran tan transparentes que no ocultaban su fondo independientemente de su profundidad. En ocasiones, llegamos a sorprender a alguna ardilla roja que andaba a la búsqueda de su desayuno y escuchábamos el martilleo del pico de algunos pájaros en los troncos de los pinos, desconozco si se trataba del pájaro carpintero.
 
 
  
Sí, era un paisaje realmente bucólico y como aunque no habíamos madrugado, tampoco se nos habían pegado las sábanas, a esas horas estábamos casi sólos y apenas nos cruzamos con algún corredor en ese tramo del camino. En estas condiciones la naturaleza se disfruta todavía más.

  

 

 
Esta es la parte más cerrada de los bosques de Valsaín, cuando llega al Puente de los Vadillos, que no cruzamos. Aquí nos desviamos del río y seguimos remontando el arroyo Minguete hasta que llegamos a la Poza de Venus en cuyos alrededores mana una fuente. Seguimos ascendiendo a través del pinar pero cuando llegamos al arroyo de las Pamplinas decidimos iniciar la vuelta. El paisaje había comenzado a cambiar y preferimos la frondosidad del pinar de la que habíamos venido disfrutando toda la mañana.

  





 
Cuando llegamos de nuevo al aparcamiento de Boca del Asno, donde también hay un área de recreo, la imagen ya no es la misma. El aparcamiento está casi completo y se oye la algarabía de la gente que ha elegido el lugar para pasar el día.

  

 
Nosotros decidimos hacer una parte de la ruta que conduce a Valsaín y huir de los grupos. Al inicio ya vemos la estrecha garganta formada por piedras que da nombre al lugar y que, dicen, que con su silueta se asemeja a la boca abierta de un asno. Subimos primero unas escaleras para descender después y comenzar a dejar atrás el barullo de la gente.

  

 
Así llegamos primero a Los Asientos, donde el río se ensancha y tiene la apariencia de ser menos profundo. Nos paramos y nos sentamos junto al río. ¡Qué bien se está! No sé cuanto tiempo permanecimos allí, admirando, absorbiendo naturaleza. Luego volvimos a ponernos en marcha.

  



 
Afortunadamente, la mayor parte del camino la realizamos resguardados por la sombra de los pinos pero en los claros donde los rayos de sol entran con todas sus fuerzas, hace mucho calor y la primavera nos recuerda que llega intensa.

  

 
Reemprendemos la marcha y llegamos al Puente de los Canales, formado por un único arco y 27 pilares. Fue construido para abastecer el agua que tomaba del arroyo de Peñalara para el Palacio Real de Valsaín.

  


 
 
En esta zona la vegetación es menos densa y decidimos regresar a Boca de Asno para finalizar allí nuestra ruta.

Delicioso día el que hemos pasado entre pinos, arrullos del agua del río y los sonidos del bosque. No conocíamos la Sierra de Guadarrama y este primer contacto no nos puede haber satisfecho más. Regresamos al Parador.

Hoy es nuestro último día en La Granja y decidimos ponerle un buen broche gastronómico por lo que decidimos cenar en el restaurante del Parador.

  

 
Una vez más, la experiencia en Paradores es satisfactoria: comedor agradable, buen servicio y cocina excelente. No podemos finalizar nuestra escapada con un mejor sabor de boca.


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Bon Voyage!



2 comentarios :

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