30 marzo 2017

Por fin en Galicia: Unos días en A Coruña y Santiago de Compostela



 
Galicia era nuestra asignatura pendiente y aunque no podemos presumir de haberla aprobado holgadamente, al menos nos hemos quitado la espinita con los días que hemos dedicado a visitar A Coruña y Santiago de Compostela

Queda aplazada para otra ocasión una ruta más larga, con muchos más días por delante, que nos permita conocerla más a fondo, pues nos hemos venido enamorados de ese mar de verdes, de sus playas, de sus acantilados, de su gastronomía, de la amabilidad y simpatía de sus gentes y de esos paseos a primeras horas del día, por el casco viejo de A Coruña o por las calles empedradas de Santiago de Compostela.




Tanto Coruña como Santiago nos han recibido con un sol radiante, aparentemente inusual por allí, pues en varias ocasiones nos advertían que no era normal ese tiempo y que nos lo debíamos haber traído desde Valencia a la que nos habíamos dejado ardiendo en Fallas y en visitantes.

Este buen tiempo nos ha permitido aprovechar cada minuto al máximo y en cuanto llegamos al aeropuerto de Santiago de Compostela, alquilamos un coche y nos dirigimos a A Coruña.

Un par de días en A Coruña que comenzamos disfrutando de un largo paseo a primeras horas de la tarde, junto a la playa de Riazor, admirando unas increíbles aguas turquesas que hacían pensar en las caribeñas y que acabó llevándonos hasta la Torre de Hércules, el faro romano más antiguo del mundo que sigue en funcionamiento.

  


El emplazamiento de la Torre de Hércules es casi mágico. Descubrimos a la Rosa de los Vientos cuando estábamos en lo alto, allí a nuestros pies. Un poco más al este, el Parque de los Menhires y siempre omnipresente el mar, golpeando con sus olas las rocas y acantilados, el mar y el mar de verdes que a modo de alfombra cubría la superficie hasta llegar al borde del acantilado.

  

 
Alguna recomendación gastronómica que hemos podido satisfacer y algún descubrimiento de esos que alegran el paladar. Harían falta muchos días en A Coruña para probar todo lo que nos apetece y visitar una lista interminable de locales en los que los coruñeses se reunen a últimas horas de la tarde a tomar unos vinos, unas cervezas y lo que venga.

En nuestro segundo día en A Coruña nos fuimos hacia el Ferrol, importante ciudad naval por la que esa mañana soleada se nos invitó a dar un paseo. 
   
    

 


De ahí nos dirigimos a Cedeira donde paseamos un rato cerca de sus playas para luego conducir hasta el Santuario de San Andrés de Teixido, donde se encuentran los acantilados más altos de Europa y de donde se dice que "Va de morto o que non foi de vivo", es decir, que Va de muerto quien no fue de vivo. Un sitio precioso, lleno de paz, de frondosa vegetación y al que nosotros encontramos casi vacío al ser un día de diario.

 

 

 


A San Andrés de Teixido se accede a través de la Sierra de la Capelada, desde donde se señalizan varios miradores que no nos podemos perder. En cuanto bajábamos del coche nos recibía un viento frío y húmedo como preludio de los paisajes que íbamos a poder ver: el mar azotando el acantilado, cortes de vértigo y una neblina que impedía ver con nitidez. Silencio, sólo entorpecido por el viento y las olas, y mucha paz. A veces, a lo largo del camino, veíamos vacas y caballos en libertad.



 


De regreso a A Coruña nos detuvimos en Betanzos. No, no probamos allí su famosa tortilla pero sí subimos por las empinadas cuestas que llevan al casco histórico para concedernos, finalmente, un descanso en una de las terrazas soleadas de la plaza.

  


Volvimos a la capital a última hora de la tarde por lo que dejamos la visita al casco antiguo de A Coruña para la mañana siguiente y fue todo un placer. A primera hora de la mañana, cuando los comercios comienzan a subir las persianas, todavía no hay mucho paseante por el casco antiguo y es una maravilla recorrerlo así, casi en soledad. No sé que me esperaba pero me sorprendió gratamente y sentí no haberle dedicado más tiempo.

  

 


Desde allí nos acercamos al Castillo de San Antón y paseando por el puerto nos fuimos hacia donde teníamos el coche para dirigirnos a Santiago de Compostela.

  


En Santiago pasamos el fin de semana y resultó todo un contraste con los días pasados en A Coruña. Muchos turistas, las calles del centro histórico repletas de gente, las entradas a los monumentos agotadas, los alrededores del mercado a rebosar y los restaurantes y bares llenos. A ver, ¿pero no habíamos quedado en que el mundo mundial se había dado cita en Valencia por Fallas?

Pero Santiago es una joya. Si las paredes del Colegio Fonseca hablasen nos contarían muchas historias, también nos las contarían los muros de la catedral, las plazas, las piedras, esas bellas piedras de sus calles, de sus edificios y que tan bellas lucían a primeras horas del día o en las horas nocturnas.
 
  

 

 


Gastronómicamente hablando, también nos hemos venido con muy buenas experiencias y podemos dar fe que la gastronomía gallega es mucho más que mariscadas, materia prima de calidad no les falta, os daré más detalles en los próximos posts.

El domingo nos fuimos en tren a Padrón. Quince minutos en tren separan Santiago del municipio de Rosalía de Castro y Camilo José Cela, también el lugar donde llegó la barca que transportaba los restos del apóstol.

 

  
Los domingos en Padrón hay mercado y no podéis imaginar la animación que había ni la gente que reune, así que aprovechamos el día al completo y de la visita al mercado pasamos a las visitas culturales y de ahí a los paseos por los alrededores para volver de nuevo al mercado que todavía estaba en pie a primeras horas de la tarde.
  
   


Volvimos a Santiago sabiendo que era la última noche antes de nuestra vuelta y Galicia nos había atrapado.

  

 
 
 
Me quedo con los paisajes, con los naturales, verdes y azules, y con los urbanos de piedra y de balcones al mar. Me quedo con el viento húmedo, con los momentos tranquilos de las primeras horas de la mañana y las de la noche. Me quedo con su gastronomía, la tradicional y la innovadora, con su Albariño, su Godello, su Mencía. Me quedo con la simpatía y amabilidad de sus gentes, que desbordando pasión por su tierra se desvivían en explicaciones ante cualquiera de nuestras preguntas.
 
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À bientôt!






2 comentarios :

  1. Un reportaje precioso tanto fotográfico como narrativo. La foto de la iglesia que está debajo de la del ayuntamiento de Coruña es donde me casé.
    Me alegro que te haya gustado yo ahora que estoy lejos lo aprecio mucho más. Besitos

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    1. Muchas gracias Celia, esta primera crónica es una especie de resumen, a ver si saco tiempo y voy publicando con más detalle.
      La iglesia es preciosa, me encantó el casco antiguo de A Coruña, tenia magia.
      Y sí, suele pasar que cuando estamos más lejos de nuestro lugar de origen lo vemos con otros ojos.

      B7ssssss

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