19 noviembre 2015

Bella, Bellissima Verona





En nuestro “viaje de chicas” habíamos dejado Verona para el final, como la guinda que corona un pastel. La ventaja de ir en sábado desde Bérgamo es que hay tren directo, tanto a la ida como a la vuelta, aunque haya que madrugar un poquito. Este pequeño esfuerzo es recompensado, la Bella, Bellissima Verona nos espera y nuestro encuentro va a ser como un flechazo.

Ese día hacía un sol radiante y el trayecto en tren nos regala unas magníficas vistas del Lago Garda. Ya lo tengo anotado en mi inacabable lista de pendientes: “visitar los lagos del norte Italia”. Otra cosa de la que fui consciente, nada más llegar, es de que me había equivocado en un detalle. 

Sí, había sido un error no haber elegido pasar una noche en Verona, por que si bonita era a la luz del sol, preciosa se puso al caer la tarde, y ya imagino como luciría con la iluminación nocturna. ¡Tengo que volver!

El trayecto en tren dura poco menos de 2 horas, que viene muy bien para repasar la documentación y organizar la visita. Nosotras compramos la Verona Card de 24 horas, con la que llevábamos incluido el transporte urbano y la entrada a la mayoría de los principales monumentos e iglesias. A poco que estemos interesados en visitar la Arena, la casa de Giuletta y poco más, está amortizada.

Un autobús nos deja en la alegre Piazza Bra, con sus edificios de vivos colores, sus soleadas y animadas terrazas y el continúo ir y venir de gente.

  

 
Justo enfrente nos recibía la famosa Arena de Verona, uno de los anfiteatros más importantes de la época romana y el más grande tras el Coliseo de Roma.

  

 
De forma elíptica, es uno de los mejores conservados y, todavía hoy en día, se puede ver una parte de su anillo externo, el resto fue destruido por un terremoto en el s. XII.

  

 
Ahora nos dirigíamos hacia Castello Castevecchio. Llamativa construcción de ladrillo rojizo, en la que paseamos por su patio y sus salas.

  

 

 
Desde lo alto se obtienen unas preciosas vistas del río Adigio, que con su meandro parece tener atrapada toda la ciudad.

Un precioso puente, también en ladrillo rojo, forma parte de la estructura del castillo y se puede cruzar, así que vamos en su búsqueda para atravesarlo y contemplar el castillo desde la otra orilla.

  

 
Volvemos sobre nuestros pasos y nos adentramos por esas callejuelas que tanto encanto tienen y que tanto me gustan. Joyerías, tradicionales tiendas de alimentación, zapaterías, pequeñas tiendas de atractivos escaparates a las que no puedo ni entrar, ni tan siquiera embobarme delante de sus vitrinas, nuestra agenda en Verona es apretada. Lo vuelvo a pensar ¡deberíamos haber pasado una noche aquí!

  

 
Me viene a la memoria Lucca, una preciosa y acogedora ciudad italiana eclipsada por su cercanía a Pisa pero con un encanto que seduce a cualquiera. No, tampoco he compartido en el blog esta escapada, pero algún día os hablaré de ella. Es el inicio ideal para una ruta por la Toscana.

Caminando, caminando, llegamos a la Piazza delle Erbe, muy animada y repleta de gente que toma el aperitivo o pasea tranquilamente entre el mercadillo que se celebra en el centro de la plaza.

  

 
Observándonos desde lo alto, la Torre dei Lamberti, en el Palazzo Maffei. ¿Subimos? ¡Subimos! Con sus 84 m. de altura, es el mirador de Verona y fue construida entre los siglos XII y XV.

  

 
Esto es un “must”, algo que debéis anotar en agenda si vais a Verona. Las vistas que se obtienen desde arriba son fabulosas, incluso si se hace con la luz deslumbrante del mediodía, como nosotras lo hicimos. Impresionante ver los tejados de Verona en 360º, es como ver un plano tridimensional.

  

 
Estamos cerca, por lo que decidimos acercarnos a la Iglesia de Santa Anastasia. De camino pasamos por la Iglesia de Santa María Antica que está cerrada.

  

 
La Iglesia de Santa Anastasia es de estilo gótico y la sencillez de su fachada exterior me confunde un poco, no esperaba encontrar un interior tan rico con estilizadas columnas de mármol rojo y blanco.

  

 
 

 
Es mediodía, y nuestros estómagos, alentados al ver los apetitosos restaurantes que salen a nuestro paso, reclaman su recompensa. La van a tener, pero no podemos estar en Verona y no visitar su Duomo, construido sobre las ruinas de dos iglesias paleocristianas que quedaron destruidas por un terremoto.

 

     
Reconozco que con tal intensidad de visitas podemos llegar a saturarnos un poco y no apreciar justamente lo que tenemos delante de nuestros ojos. Para mí la Catedral de Verona fue una bella iglesia más que visitamos. Lo que sí me gustó de verdad fue el antiguo Baptisterio de S. Giovanni in Fonte que alberga una pila bautismal, de forma octogonal, de s. II, al que se accede a través de un pasadizo que hay en el lateral derecho del Duomo.
  
 
 
 
Ahora sí. Nos dirigimos a comer. ¿Os imagináis donde comimos? ¡En una iglesia!

No, no es que compráramos unos trozos de pizza y nos sentáramos en el banco de una iglesia a comérnosla. Cansadas sí, pero no hasta tal punto.

Comimos en el Restaurante Pizzeria San Mateo, situado en el centro histórico de Verona y ubicado en la antigua iglesia del mismo nombre.

  

 
La decoración en el interior es actual, pero todavía quedan huellas que nos recuerdan el uso original de este edificio.

  

 
Una amplia carta y platos correctos, en cuanto a la relación calidad/precio, en la línea de los restaurantes que hemos visitado en este viaje.

Tras una comida pausada y relajada, y ya más repuestas de la ruta realizada por la mañana, encaminamos nuestros pasos hacía la Casa de Giuletta, a pocos pasos de la Piazza delle Erbe. Imposible no encontrarla, basta fijarse en los numerosos grupos de personas que atraviesan el túnel que da acceso a la casa,y que está lleno de mensajes de amor y corazones.

La casa de Giuletta se puede visitar, pero no debemos olvidar que es ficción. Una ficción muy rentabilizada, por que aunque el patio desde donde se ve el más famoso balcón de toda la literatura, tiene un encanto especial, la aglomeración de gente que allí se concentra impide apreciarlo.

  

 
Por cierto, una tradición de origen desconocido dice que hay que tocarle a Giuletta su seno izquierdo para tener suerte, por eso brilla tanto. Supusimos que se trataba de suerte en asuntos amorosos y ya os podéis imaginar, en un ataque de “guirilez” intenso, todos le “tocamos la teta” a la pobre Giuletta.

  

 
¡Si Romeo levantara la cabeza! Pero en estos temas nadie quiere arriesgar, unos para mantener y otros para encontrar.

Abandonamos el patio haciéndonos hueco a través del túnel de entrada entre la gente que se empeñaba en dejar su mensaje de amor. Tranquilos, a esta “guirilez” no sucumbimos, teníamos suficiente con una.

Finalizamos nuestro día en Verona visitando la Iglesia de San Fermo. Sé lo que estaréis pensando ¿todavía quedaban ganas de más iglesias? Pues sí. Ésta no podíamos dejarla pasar.

  

 
Se trata de dos iglesias en una, las dos de estilo románico. La inferior para la conservación de las reliquias de San Fermo y San Rústico, y la superior para las celebraciones habituales, reedificada sobre la anterior y reformada con el paso del tiempo, de estilo renacentista. Me gustó mucho más la iglesia de abajo, que mantenía el estilo románico.

  

 
Y a estas horas, vuelta a la estación y a Bérgamo, pero nos llevamos un buen recuerdo. Verona está repleta de bellos y románticos rincones, de lugares mágicos, de calles con encanto que seducen a los visitantes desde que se toma contacto con la ciudad y dejan su sello en nuestra memoria. Tengo que volver, echo de menos no haberme podido quedar más tiempo.


Etapas de este viaje:


A tener en cuenta:
  
  • Verona Card 24 horas: 18 euros. Válida para todos los transportes urbanos de la ciudad y acceso gratuito a un gran número de monumentos, edificios históricos, iglesias y museos.
     
  • Transporte en Tren: Los billetes de tren se compran en los estancos de la estación o en las máquinas automáticas, algunas sólo admiten tarjetas de crédito. Para ir a Verona es preferible coger este transporte. No hay reducción en el importe por comprar ida y vuelta.
    De Bérgamo a Verona hay muy pocos trenes en los que no sea necesario hacer transbordo. Se puede elegir la opción con transbordo en ciudades como Brescia o Rovato, dependiendo de la hora elegida, pero hay que estar atentos si se viaja con los trenes regionales por que no anuncian la llegada a las estaciones. 



 Bon Voyage!





2 comentarios :

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