07 octubre 2015

San Cristóbal de las Casas, en el corazón de Chiapas



   

A pesar de no haber madrugado tanto como días anteriores, el día había acabado por ser agotador. Comenzamos navegando por el Cañón del Sumidero, luego almuerzo y visita en Chiapa de Corzo y hacía calor, mucho calor. Caía la tarde cuando llegábamos a San Cristóbal de las Casas, en el corazón de Chiapas.

¿Cansados? ¡Sí! ¿Vamos a descansar? ¡No, todavía no! Nada de quedarse en el hotel. Aprovechamos lo que queda de tarde y nos vamos a conocer San Cristóbal.

  



 
Dicen que es la ciudad que mejor representa a Chiapas, en ella se mezcla la cultura indígena y el ambiente colonial. Muchos restaurantes, muchas tiendas y varias agencias de viajes ofreciendo un sinfín de actividades. Reconozco que la ciudad nos gustó, no sé por qué, y guardando las distancias, me causó una impresión similar a la que tuvimos el verano pasado en Hoi An. Sin discusión alguna habían sabido aprovechar el tirón turístico, aunque por ello hubieran tenido que pagar algún peaje.

Tiene dos mercados, el de frutas y verduras que lo dejamos para el día siguiente y ya os contaré por qué nos quedamos sin visitarlo. Y el mercado de souvenirs y artesanía, interesante si nos van las pequeñas compras y paso obligatorio si queremos visitar la Iglesia de Santo Domingo, ya que hay que atravesarlo para poder subir las escaleras que dan acceso a esta rica iglesia, se nota que es de los dominicos, del s. XVI.

  

 
Nosotros pasamos el tiempo deambulando por las calles, sin rumbo fijo, lo digo siempre, es lo que más nos gusta. Pasamos unas cuantas veces por la Plaza del 31 de Marzo, centro neurálgico de la ciudad, llamada así por ser el día de su fundación. La rodean la Catedral del siglo XVII y varias casas coloniales que han sido restauradas.

  

 
De uno de sus vértices sale la calle que lleva a la Iglesia de Guadalupe, desde donde se puede disfrutar de una buena panorámica de la ciudad. No lo hicimos por que realmente estábamos extenuados, pero merece la pena caminar en esa dirección por que la calle que hasta allí conduce, está llena de bonitas casas, y como no, de tiendas y restaurantes.

  

 
Nos entretenemos un rato por la zona de la Catedral, donde hay multitud de indígenas vendiendo souvenirs y esto me resulta, sino contradictorio, algo chocante. Esta zona ha sido referente de la lucha a favor de los pueblos indígenas por parte del movimiento zapatista, así que ver a los indígenas, niños y adultos, vendiendo bisuterías y dándose el aviso de donde estaban los grupos de turistas, a través del móvil que guardaban bajo su traje típico, pues eso, no podía evitar que me llamara la atención. Choque de culturas, quizás no con lo mejor de cada una.

  

 
Esa tarde sacamos las entradas para asistir al teatro al día siguiente. La obra, en maya, era la representación de los últimos tres días de vida de Pakal, el rey de Palenque. Nos la habían recomendado, y como en un par de días visitaríamos Palenque, pensamos que resultaría interesante.

  

 
Después nuestros pies, que en estas situaciones son los que mandan, nos llevaron a la parte sur de la ciudad, allí nos topamos con otro mercadillo de artesanía. Esta vez no eran indígenas, eran, perdonad la expresión, pseudo-hippies ó piji-hippies, europeos que se habían afincado en San Cristóbal. Es mi opinión, y puedo estar más que equivocada, pero lo encontré tan … tan, tan fuera de lugar, tan poco creíble. Encima parece que no están bien vistos por los de allí.

La noche comenzaba a caer, nos fuimos a por una ducha, a cenar y a descansar. Mañana habría más San Cristóbal de las Casas.

Pues sí, mañana habría más San Cristóbal de las Casas pero mucho menos de lo que esperábamos.

  


Al día siguiente, tras desayunar volvimos al centro de la ciudad. Íbamos en dirección al Mercado de frutas y verduras cuando una de las vendedoras ambulantes se dirigió a nuestra guía y le dijo que no siguiéramos que iba a haber revueltas. Continuamos nuestro camino y no habían transcurrido cinco minutos cuando nos volvían a dar el mismo consejo. Comenzamos a tomárnoslo en serio pero proseguimos con nuestras intenciones.

  

 
Ya en los alrededores de la Iglesia de Santo Domingo varias personas nos advirtieron de lo mismo, así que hicimos una rápida visita al interior de la iglesia, y nos dirigimos hacia una plaza que quedaba cerca del mercado de frutas. De allí no pasamos. La plaza estaba tomada por hombres que esperaban “órdenes” de qué hacer. Tome una foto rápida y furtiva en la que no he conseguido captar lo que allí se respiraba. El motivo del conflicto no lo conocimos a ciencia cierta, parece ser que algunos problemas entre taxistas con y sin licencia, y entre vendedores con y sin licencia.

  

 
La policía no la vimos en ningún momento. Nos comentaron que en estos casos no aparecen, ese tipo de problemas, en Chiapas, se resuelve entre “las partes” que lo tienen. Curioso, muy curioso.

Andábamos por allí cuando la guía recibió una llamada telefónica. Debíamos salir lo antes posible de San Cristóbal de las Casas o ya no lo podríamos hacer. Iban a bloquear las entradas y salidas del centro de la ciudad y los enfrentamientos podían ser violentos.

Todos los viajes tienen un día “D”, en éste el día “D” era hoy y venía en forma de revuelta chiapateca. Enseguida nos fuimos hacía el autobús y nos dirigimos hacia la comunidad indígena de San Juan de Chamula.

  

 
San Juan de Chamula es el centro de una comunidad de varias aldeas tzoziles, con su propio código de usos y costumbres aprobado por el Gobierno de México.

Comenzamos la visita desde el cementerio, del cuál no hice ninguna fotografía y ahora me arrepiento. Estaba cubierto por cruces de madera de tres colores: negro si la persona fallecida era mayor, blanco si era un niño y azul para el resto. Aunque era difícil conocer de qué edades estábamos hablando por que sólo estaba inscrita la fecha de fallecimiento.

En nuestro camino nos cruzamos con algún coche y alguna casa algo ostentosos y que contrastan con el resto. A nuestro paso, alguna tienda de souvenirs y algún lugar donde venden bebidas. Llegamos a la plaza. Antes ya nos han avisado, ahora nos lo vuelven a repetir: No se pueden hacer fotos a las personas, sólo planos generales y en el interior de la iglesia la cámara debe ir guardada. Así que las fotos que tengo “más de cerca” es por que han sido extraídas de “planos generales”, de ahí su baja calidad.

  

 
La Iglesia de San Juan de Chamula es de estilo colonial y lo que experimenté en su interior es de esas cosas que no se pueden transmitir bien con palabras, y en este caso ni siquiera con imágenes por que está prohibido.

Hace más de 20 años, en Nepal, asistimos a la primera ceremonia budista de la mañana, momento en que los monjes se reunen a las 5 de la madrugada, inician sus oraciones y cantos y toman la primera comida del día. Todavía hoy, recuerdo su olor perfectamente, sus sonidos, sus cantos, sus sensaciones, es de esos momentos que se quedan grabados para siempre. En San Juan de Chamula me ocurrió lo mismo.

En cuanto que atravesamos la puerta nos vimos cautivados por lo que allí estaba sucediendo. El humo de los cientos de velas encendidas que habían por el suelo nos ofrecía un ambiente neblinoso. No había bancos, en su lugar el suelo estaba cubierto por hojas verdes de pino y la gente estaba sentada sobre ellas o de rodillas. Dicen que estas hojas son para purificar el ambiente, a mi me parecían que con su olor contribuían a crear esa atmósfera mística.

En los primeros segundos, ¿o fueron minutos?, nos vimos desbordados por la información tan aparentemente inconexa que captaban nuestras retinas: imágenes de santos con espejos colgados para reflejar la maldad, personas rezando por grupos con su propio “rezador” o chamán, velas encendidas en el suelo de diferentes tamaños y colores, botellas de coca-cola, de fanta de naranja y de mezcal, una gallina, algún indígena que bebe coca-cola o fanta y la escupe sobre las velas, otro que directamente las rocía con esta bebida … No entiendo nada, soy incapaz de atar cabos, de sacar una conclusión.

Los rituales que este pueblo indígena celebra son una mezcla de las creencias religiosas prehispánicas y de la evangelización llevada a cabo en el s. XVI. Existe la iglesia, y existen las imágenes de los santos pero no es una iglesia cristiana, no tiene párroco.

  

 
Después de visitarla me cuentan que está construida sobre un antiguo centro religioso maya y que es como un centro de peregrinación para las comunidades de la zona. En lugar de los curas están los chamanes, que es un tipo de médico indígena, aún practican la medicina maya. El chamán se sienta en el suelo y detrás de él la familia que ha solicitado sus servicios. En el suelo de la iglesia dispone una serie de velas de colores, según la enfermedad a curar, después todos oran y tiran, por encima de las velas negras coca-cola y por encima de las naranja, fanta, dicen que para “animarlas” a que cumplan su objetivo. Cuentan que, a veces, le rompen el cuello a una gallina, como parte de la ceremonia, pero afortunadamente, esto no puedo confirmarlo.

Toda una experiencia, que dudo que olvide.

Todavía no acababa de poner en orden en mi cabeza todo lo que acababa de vivir cuando me comentan que ahora nos dirigimos hacia otra comunidad indígena, la de San Lorenzo de Zinacantán. Como la experiencia sea igual de intensa, no sé si voy a ser capaz de asimilarla.

  

 
Es mediodía cuando llegamos a San Lorenzo de Zinacantán. No hay mercado, no hay nadie en la calle, sólo unas niñas vestidas con el traje típico que enseguida se unen a nosotros con el fin de obtener algo a cambio.

Visitamos la iglesia, ésta si que tiene bancos aunque tampoco tiene parroco. Después de lo vivido en San Juan de Chamula no le encuentro nada especial.

Al poco de estar por allí aparece una familia con un chamán y repiten el mismo ritual que hemos visto antes, sólo que esta vez como más comedido.

Hora de almorzar y no podemos volver a San Cristóbal de las Casas por que las entradas están bloqueadas. La alternativa es almorzar en el Restaurante Jardines de San Cristóbal, una sucursal de donde comimos el día anterior en Chiapa de Corzo, aunque en un enclave mucho más bonito.

Hacemos tiempo tras la comida y volvemos a San Cristóbal a eso de las 17 h. Un par de kilómetros antes de llegar nos encontramos con el acceso cortado. Camiones cruzados y neumáticos ardiendo. Nosotros podemos pasar a pie, pero el vehículo no. Así que ¡pies para que os quiero! Nos vamos andando bajo un sol de justicia. Una vuelta por la ciudad, un chocolate frío, el primero de mi estancia en México, y nos vamos al teatro.

  

 
La obra sobre los últimos días de vida de Pakal ha estado muy interesante y nos va a ayudar a comprender cosas que veremos al día siguiente. Pensaba que iba a ser una obra para “guiris”, pero ha estado muy bien.

Ahora nos dirigimos a cenar, toca retirarse temprano. Vamos a salir de madrugada hacia Palenque, si no lo hacemos así, probablemente no podamos hacerlo a causa de los bloqueos.




2 comentarios :

  1. Que día más intenso y distinto de lo que podemos pensar sea una jornada de viaje relajada. Pero todo es interesante y las vivencias, como bien dices, no se olvidan y es una de las cosas que anima a seguir viajando.
    Espero nueva entrega.
    Besos

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