21 septiembre 2015

Descubriendo Monte Albán, Oaxaca y Puebla




  
Menos conocida que otras zonas arqueológicas y situada en una montaña a 2000 m. de altura, a escasos 10 km. de Oaxaca, nos espera Monte Albán. Llegamos muy temprano, bajamos del autobús, cogimos nuestros billetes de entrada, justo al lado del museo que visitaremos al final, y comenzamos a andar tranquilamente por un camino que ascendía con lentitud.

El madrugón había merecido la pena. En primer lugar por que las vistas que obteníamos desde la terraza de desayuno con Oaxaca a nuestros pies y el hilo musical, cortesía de los pájaros, nos aportaba un frescor, una paz y una sensación de serenidad de lo más gratificante.

 

 
Y en segundo lugar por que llegar a Monte Albán los primeros y admirar, al menos durante unos minutos, nosotros solos, aquellas edificaciones declaradas ahora Patrimonio de la Humanidad, es indescriptible. ¡Se respiraba una sensación de paz! 
 
    

 
Durante un buen rato escuché y atendí a la guía, después no pude evitarlo y me fui sola, con mi libro, a vagabundear por aquella zona. No hay cosa que me guste más. Vagar mientras voy Descubriendo Monte Albán, en este caso, los lugares de los que me habla mi libro de viajes. A veces, es tanta mi curiosidad que cuando llego al sitio en cuestión, ya me lo sé de memoria. Pero la realidad siempre es más bella y nunca deja de sorprenderme.

No os imagináis la cantidad de fotografías que pude tomar en un arrebato de querer llevar conmigo un trocito de aquellas ruinas, de los restos de las edificaciones dedicadas a la administración o a residencias, de las plataformas piramidales base de los antiguos templos precolombinos. 

  

 
Contemplamos por primera vez en este viaje, el lugar dedicado al misterioso juego de pelota, y digo misterioso, por que depende de qué leas y de quien te lo cuente, el juego de pelota podía tener muy diferentes usos u objetivos. 
  
  
  
 
Allí se encuentran también talladas en la piedra un conjunto que se conoce como “Los danzantes”, aunque hoy en día se pone en duda que aquellas personas estuvieran bailando, los hay que dicen que representan torturas y otros que si se trata de un tratado médico. Muchas dudas alrededor de estos “danzantes”. Curiosamente, por la noche, cenaríamos en un restaurante del mismo nombre.

Justo en el centro de la plaza central de este recinto se encuentra el Observatorio astronómico, de planta heptagonal, con el que los pueblos prehispánicos intentaban descifrar el universo, calcular los ciclos agrícolas, las estaciones, las lluvias y otras formas de pronosticar cambios meteorológicos o acontecimientos futuros.

  

 
El tiempo pasó casi sin sentir y casi tres horas después nos dirigimos al museo que hay en la entrada para poco después finalizar nuestra visita. 
  
  
  
 
De vuelta a Oaxaca nos quedamos por el centro y comimos en uno de los restaurantes que da al Zócalo. El zócalo, que es la parte más animada de la ciudad, además de un mercadillo ambulante se encuentra la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción.

Oaxaca es una ciudad agradable, aparentemente tranquila, por eso nos sorprendía la cantidad de policía que nos encontramos. De aspecto colonial, con casas de sólo una altura en el centro, con muchas iglesias, tiendas y mercados para visitar, apetecía pasear sin rumbo, andar y desandar lo andado. 
  
  
  
 
En las calles nos encontramos muchos carritos de “Raspas”, que son una especie de heladería ambulante. Con un raspador rascan una barra de hielo, este hielo granizado lo ponen en un vaso, le añaden el jarabe del sabor que prefiramos ¡y ya tenemos sorbete! También había “Nieves”, aunque no puedo explicar cuál era la diferencia entre uno y otro. 
  
  
  
 
¿Adivinar a donde fui también? ¡Al mercado! Menudo festival de colores. Chiles de todas las clases, nunca hubiera imaginado que existían tantos, y varios puestos dedicados exclusivamente a los chapulines
   
  
  
 
¿Sabéis que son? Los afamados chapulines son una especie de pequeños grillos o saltamontes fritos de muchos estilos y con diferentes tonalidades de rojo. No, no los probé. Soy curiosa pero esto fue superior a mi curiosidad, a pesar de la insistencia y recomendación de mi guía que decía que en un taco con mole y aguacate, estaba delicioso. Si os apetece, aquí tenéis la receta ;-) 

 

  
Terminamos la tarde haciendo una breve visita a la Iglesia de Santo Domingo y al Convento de Santa Catalina. Rara es la ciudad mexicana donde los dominicos no tengan iglesia, siempre en el norte y siempre la de más riqueza.  
  
 
 
  
El Convento de Santa Catalina ya no es convento, ahora es uno de los mejores hoteles de Oaxaca. Afortunadamente nos permitieron la visita, a pesar de no estar alojados allí, y es todo un remanso de paz en el centro de la ciudad.  
 
A media tarde volvimos al hotel situado en las afueras de Oaxaca, en una colina. Una ducha y una cerveza en la terraza de agradables vistas sobre Oaxaca y de vuelta al centro de la ciudad a cenar.

Nos costó decidirnos y no sé por qué. Finalmente, pasamos a la terraza del Restaurante “Los Danzantes”. Se estaba bien y la carta era atractiva, pero entre que dejé la cámara en el hotel y la luz era bastante “tímida”, las fotos que hice de los platos casi que se tienen que adivinar. En otra ocasión será.
  
  
  
 
No quiero dejar de nombrar a Puebla, la cuál visitamos justo antes de llegar a Oaxaca, a pesar de que la incluya al final.

Nuestro paso por Puebla fue breve, apenas duró unas horas, pero nos dio tiempo a hacernos una idea de la ciudad.

  

 
Como viene siendo habitual en las ciudades mexicanas, todo gira alrededor del Zócalo, que como era domingo estaba de lo más animado y que fue nuestro punto de inicio en la visita. A su lado la Catedral de Puebla, donde se reflejan diferentes estilos arquitectónicos coloniales.

  

 
Pero lo que a nosotros nos gusta es callejear y enseguida nos perdimos por sus calles para admirar las casas coloniales, encontrarnos inmersos en el rastrillo dominical o visitar el mercado de artesanía.

  

 
Aunque la verdad es que el centro de Puebla se recorre pronto, me refiero el centro histórico colonial, Puebla ofrece también una parte más moderna y más frecuentada por los europeos que allí residen y trabajan en las empresas relacionadas con la industria del automóvil que allí hay asentadas.

Era mediodía, el tiempo transcurre rápido, la temperatura había subido con respecto a México D.F. Era hora de dirigirse al Hotel Colonial, donde tomaríamos el almuerzo en un agradable patio. Después proseguiremos nuestra ruta.


4 comentarios:

  1. La visita del monte alban esta muy bien hacerla pronto para verlo con poca gente, gusta mucho mas, por las fotos, claro.

    El mercado es impresionante las palanganas con las cremas negras. Yo no se si lo probaría, las costumbres de cada sitio son así, distintas

    Besos y hasta muy pronto

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    1. Todo México es impresionante, contrastes y contrastes, detalles que llaman la atención, lugares que te atrapan, nada deja de sorprenderte todos los días.

      B7sssss

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  2. Me encanta leer la crónica de tus viajes. Es todo tan interesante!!!
    La segunda foto, la que tiene las flores rojas, me tiene enamorada... Es preciosa!
    besos guapa

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    1. Creo que ya te lo he dicho alguna vez, pero cuanto me gusta que me digan estas cosas de mis crónicas de viajes, me apetece tanto transmitir lo que siento cuando lo vivo!

      Esa foto de flores rojas salió porque sí, de hecho la hice con el móvil, a contraluz, sin ver lo que aparecía por pantalla, de hecho disparé 3 veces y cuando ya en la habitación la ví, a mi también me enamoró. Además, define también aquella terraza del hotel y aquella serenidad!

      b7sssss

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