03 octubre 2014

Hue, Hoi An y Ho Chi Minh, de ruta por ciudades que comienzan por H

   
   
 
Eran alrededor de las 7 de la tarde cuando llegamos a Hue y ya había anochecido, aún así, la antigua ciudad imperial desprendía elegancia.

Desde la terraza del hotel teníamos unas magníficas vistas sobre el río. Al otro lado se divisaba la Ciudadela Imperial. 
 

 
La ciudadela es inmensa y aunque estuvimos recorriéndola durante un largo rato, no acabamos de ser conscientes de su magnitud hasta que no vimos en una maqueta, el circuito que habíamos realizado y todo lo que nos quedaba por recorrer.
  
Una maravilla de lugar al que no resulta difícil de imaginar como escenario de una gran película. 

 
    
 
Después de un largo recorrido por la ciudad imperial, bajo un sol de justicia, necesitamos un descanso. Ha llegado el momento del almuerzo. Hoy también comemos en un restaurante típico y probamos otra de la cervezas vietnamitas. ¡Hay un sinfín de variedades! 

El menú consta de Ensalada con flor de plátano, col, zanahoria, carne y camarón, aliñada con una salsa de sésamo, Banh nam (Dumplings de carne y gamba cocinados en hojas de plátano), Banh Khoai (Pancakes de Hue, rellenos de arroz frito, carne y gambas), Tofu con carne, Verduras salteadas, Cerdo agridulce y, como no, arroz.

 
  
A media tarde emprendemos camino hacia Hoi An.
   
Hoi An sin embargo es pequeña, pero muy coqueta y encantadora. Eché de menos no habernos quedado allí unos cuantos días. Nuestro hotel, situado junto al mar y a escasos 5 km del centro de la ciudad, invitaba a la relajación y descanso, cosa que se agradece después de pasar el día sin parar de aquí a allá, y con unas temperaturas bastante altas.

 

 
Añoro aquellos paseos sin rumbo por Hoi An, visitando pagodas como la de Phuc Kien, entrando a casas antiguas repletas de muebles de la época y con una decoración exquisita, como la de Tam Ky.

 


 
Me cautivaron sus calles relativamente tranquilas, con las tiendas de farolillos, de productos de seda, camisetas, lacados y souvenirs varios. Sin duda alguna, es el lugar ideal para encargar la confección de prendas de vestir, ocasión que no dejé pasar.
  

  
Pero si por el día es bonita, con las luces de la noche todavía es más atractiva.
  
Volvimos a Hoi An para cenar, después de que me probara la blusa de corte Mao que había encargado por la mañana y que me entregaron apenas 10 horas después con un acabado magistral.
  
Entre el sinfín de coquetos restaurantes, y al no encontrar sitio en el "Morning Glory", que era nuestra primera opción, decidimos cenar en un restaurante italiano de nombre "Good Morning Vietnam".

 

  
Llevábamos ya varios días de "Sólo gastronomía vietnamita", y este restaurante, de chef italiano, y ambiente ecléctico italo-vietnamita, nos causó buena impresión.
  
Acertamos de pleno, lástima que las fotos no le hagan justicia, pero no había demasiada luz y no pude hacer más con la cámara del móvil.

 

  
Al día siguiente terminamos nuestra visita de la ciudad, sería la última vez que pasaríamos por el Puente Japonés, por las agradables calles repletas de tiendas.

 

  
Embarcamos para dar un paseo por el río hasta llegar al mar, lo cuál nos sirvió también para conocer las artes de pesca de los habitantes de Hoi An.

  


 
Y de Hoi An volamos a Ho Chi Minh, la antigua Saigón.
  
Encontrarse con una ciudad todavía más ajetreada que Hanoi, con más motos, más ruidos, más rascacielos, más ... de todo, confieso que fue como una bofetada después de haber pasado un par de días en Hoi An.

  
  
Comprendo que si vas a Vietnam, Ho Chi Minh sea visita obligada, pero, personalmente, agradecí que sólo estuviéramos allí un día.
  
Dimos una vuelta por la ciudad y comprobé que apenas queda nada del encanto que reflejan películas como Indochina, El Amante o El Americano Impasible. Sí, ya sé, el cine es cine, y por lo tanto, ficción, pero un pequeño guiño me hubiera hecho feliz.
  
Una breve visita a la ciudad nos condujo al edificio de Correos, a la Catedral y a la Ópera, todos reflejaban una gran influencia de la época colonial francesa.

 

Quizás lo que más me gustó fue la Pagoda Thien Hau, dedicada a la diosa del mar y a los marineros. 

 

 
Por la tarde, y tras descansar un poco en el hotel, decidimos dar una vuelta. Tras pasear por las calles y realizar una rápida visita al estresante Mercado de Ben Thanh, decidimos ir a cenar, necesitábamos algo de calma.

 

  
El restaurante elegido fue LemonGrass, también todo un acierto y los platos que elegimos ¡también! :
  • Rollitos de Carne de Cangrejo
  • Rollitos frescos de Ensalada de Gambas y Cerdo
  • Arroz frito con Marisco
  • y Noodles con Ternera
  

  
Todo lo que pedimos estuvo riquísimo, el servicio fue de lo más agradable, al igual que el ambiente. Además, la cena estuvo amenizada con música típica en directo.

 

  
Otra referencia para anotar en agenda por si algún día volvemos.

 

  
Finalizamos la velada en la terraza del hotel, con vistas al río Saigón y al skyline de Ho Chi Minh, que a juzgar por su aspecto lleva camino de convertirse en un pequeño Hong Kong. Más de una vez, durante el viaje, he pensado qué ocurriría si Ho Chi Minh levantara la cabeza.




4 comentarios :

  1. Qué maravilla de viaje. Qué suerte estar ahí y poder ver todas esas cosas hermosas :)
    besos

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    1. Aisha un sueño de viaje, pero viajar también es actitud y cómo tú lo vivas en el destino. Intenté aprovecharlo al máximo.
      B7ssss

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  2. LuciaE

    Me esta gustando el viaje, aunque haya algunos momentos de estres, son necesarios para no pensar que es un sueño.
    Hasta la próxima entrega...

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    1. Es verdad que las grandes ciudades podían resultar algo agobiantes. Ahora ya en la distancia creo que todo mereció la pena.
      La próxima entrega para el miércoles, siempre en víspera de fiesta o fin de semana.
      B7sss

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